LAS DIMENSIONES DE LA SUSTENTABILIDAD
Por: LIC. DIANA DURÁN
La sustentabilidad en clave temporal
La aparición y difusión del término desarrollo sostenible o sustentable ha acompañado al proceso de concientización ambiental de la sociedad global.
Inicialmente este concepto se relacionaba –aún con contradicciones-, con el crecimiento económico, pues no se consideraba en profundidad los objetivos de mantenimiento de las bases naturales del ambiente y los procesos de deterioro de los recursos naturales en las distintas escalas geográficas.
Recién hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta que la crisis ambiental planetaria comienza a tener consideración en los foros mundiales tanto gubernamentales como no gubernamentales.
El debate medio ambiente – desarrollo, suscitado en esos momentos-, reveló que los problemas ambientales se manifiestan de manera distinta según se trate de países desarrollados o de países en desarrollo. A grandes rasgos es posible señalar que los primeros sobreutilizan los recursos naturales, mientras los segundos los subutilizan; si bien en la actual era de la globalización, además, los países desarrollados sobreutlizan los recursos del resto de los países a través de la apertura del comercio internacional y el deterioro de los términos de intercambio y el peso impuesto por las deudas externas. En definitiva, los países desarrollados han sido los focos originarios de los problemas ambientales que se “exportaron” a las áreas de concentración urbano-industrial de los países en desarrollo.
La noción moderna de desarrollo sustentable tiene su origen en el debate iniciado en 1972 en Estocolmo y consolidado veinte años más tarde en Rio de Janeiro.
El término desarrollo sustentable aparece con la Estrategia Mundial de Conservación de 1980, que fue el aporte más conocido al problema de las interrelaciones entre la naturaleza y la sociedad. A pesar de la variedad de interpretaciones existentes en el discurso político y los debates académicos, se adoptó internacionalmente la definición sugerida por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, presidida por la entonces Primera Ministra de Noruega, Gro Brundtland en 1987.
La definición más repetida y difundida sobre el concepto es que el desarrollo sustentable es aquél que “es capaz de cubrir las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades” (CMMAD, 1992).
Esta definición de sustentabilidad incluye dos ideas clave:
- La “necesidad” de considerar a las generaciones presentes y futuras en tal conceptualización, y
- la “limitación” impuesta al ambiente por el estado de la tecnología y la organización social en cada contexto histórico-geográfico.
En realidad, el discurso sobre la sustentabilidad fue una respuesta a la escuela de los límites del crecimiento, que desde los años setenta venía postulando la inexorable presión del crecimiento económico sobre la naturaleza.
Frente a esta visión catastrofista, el enfoque de la sustentabilidad es más flexible, al señalar que los daños ecológicos ocurren cotidianamente, de una manera gradual y sobre unas tasas o límites ambientales variables.
Un resultado institucional importante de CNUMAD fue la creación de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible (CDS) en diciembre de 1992 para asegurar un seguimiento efectivo de CNUMAD y para controlar e informar acerca de la ejecución de los acuerdos de la Cumbre para la Tierra a escala local, nacional, regional e internacional.
La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible realizada en Johannesburgo en 2002 marca el cierre de este ciclo centrándose en el multilateralismo como una estrategia clave para el cumplimiento y la aplicación del desarrollo sustentable. Es así como estas cumbres sirvieron de plataforma para incorporar la idea del desarrollo sustentable en los planes de acción local, regional y global .
El concepto de sustentabilidad
En este acápite adoptaremos una conceptualización de sustentabilidad operativa para la mejor comprensión de su complejidad y en vistas de la necesidad de superar ciertas nociones relacionadas con el crecimiento económico basadas en el neoliberalismo.
El concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites y potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental, inspirando una nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad en el tercer milenio. El concepto de sustentabilidad promueve una nueva alianza naturaleza-cultura fundando una nueva economía, reorientando los potenciales de la ciencia y la tecnología, y construyendo una nueva cultura política fundada en una ética de la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y saberes– que renuevan los sentidos existenciales, los mundos de vida y las formas de habitar el planeta Tierra.
La sustentabilidad presenta diversas dimensiones dada su complejidad
Para definir cabalmente la sustentabilidad es necesario considerar todas sus dimensiones de manera articulada, dado que en caso contrario, se cae en reduccionismos inconducentes.
En tal sentido, en este módulo daremos cuenta, entre otras dimensiones, de:
• La sustentabilidad ecológica o ambiental que exige que el desarrollo sea compatible con el mantenimiento de los procesos ecológicos, la diversidad biológica y la base de los recursos naturales.
• La sustentabilidad social que requiere que el desarrollo aspire a fortalecer la identidad de las comunidades y a lograr el equilibrio demográfico y la erradicación de la pobreza.
• La sustentabilidad económica que demanda un desarrollo económicamente eficiente y equitativo dentro y entre las generaciones presentes y futuras.
• La sustentabilidad geográfica que requiere valorar la dimensión territorial de los distintos ambientes. Se trata de una nueva perspectiva o dimensión ya que a pesar de que existe consenso, en los foros internacionales, sobre la importancia y dimensiones de este concepto; la realidad es que su aplicación en distintas escalas geográficas, especialmente en las escalas nacional, regional y local es todavía muy incipiente. Además, existe una subvaloración de la dimensión territorial que puede traer consecuencias negativas en la planificación del desarrollo sostenible.
Por lo demás, también se considera la sustentabilidad cultural, política y la dimensión educativa para completar el carácter complejo que abarca este concepto.
La dimensión ecológica o ambiental
La dimensión ecológica de la sustentabilidad promueve la protección de los recursos naturales necesarios para la seguridad alimentaria y energética y, al mismo tiempo, comprende el requerimiento de la expansión de la producción para satisfacer a las poblaciones en crecimiento demográfico. Se intenta así superar la dicotomía medio ambiente-desarrollo, aspecto nada sencillo a juzgar por los impactos ambientales de los modelos económicos neoliberales vigentes en el mundo contemporáneo.
La dimensión ecológica de la sustentabilidad está condicionada por la provisión de recursos naturales y de servicios ambientales de un espacio geográfico. Es posible advertir que si bien la abundancia de recursos naturales no garantiza el carácter endógeno del desarrollo sustentable, como lo demuestra la circunstancia de tantos países subdesarrollados que poseen una importante dotación de recursos hídricos, minerales o energéticos; no hay duda que constituye el potencial básico del desarrollo territorial.
Es fundamental incorporar la dimensión ecológica en la toma de decisiones políticas y, asimismo, es necesario examinar las consecuencias ambientales de la apropiación de los recursos naturales que cada sociedad promueve en las distintas etapas históricas.
La sustentabilidad ecológica se refiere a la relación con la capacidad de carga de los ecosistemas, es decir, a la magnitud de la naturaleza para absorber y recomponerse de las influencias antrópicas.
La capacidad de carga es el máximo número de personas que pueden ser soportadas por los recursos de un territorio y se define normalmente en relación a la máxima población sustentable, al mínimo nivel de vida imprescindible para la supervivencia. El concepto de capacidad de carga permite evaluar los límites máximos del crecimiento de la población según diversos niveles tecnológicos .
La capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se trata de recursos renovables (reservas de aguas subterráneas, árboles y vegetales diversos, peces y otros animales) este concepto se refiere al rendimiento máximo que se puede obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital futuro de cada recurso. En el caso de la contaminación (vertidos líquidos y gaseosos en ríos, lagos, océanos y en la atmósfera) la capacidad de carga se refiere a las cantidades de productos contaminantes que estos receptores pueden absorber antes de ser irremediablemente alterados.
Para el caso de los recursos naturales renovables, la tasa de utilización debiera ser equivalente a la tasa de recomposición del recurso. Para los recursos naturales no renovables, la tasa de utilización debe equivaler a la tasa de sustitución del recurso en el proceso productivo, por el período de tiempo previsto para su agotamiento (medido por las reservas actuales y por la tasa de utilización). Si se toma en cuenta que su propio carácter de “no renovable” impide un uso indefinidamente sustentable, hay que limitar el ritmo de utilización del recurso al período estimado para la aparición de nuevos sustitutos. Esto requiere, entre otros aspectos, que las inversiones realizadas para la explotación de recursos naturales no renovables, a fin de resultar sustentables, deben ser proporcionales a las inversiones asignadas para la búsqueda de sustitutos, en particular las inversiones en ciencia y tecnología .
La dimensión social
Sabido es que el origen de los problemas ambientales guarda una relación estrecha con los estilos de desarrollo de las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas. Mientras en las primeras el sobreconsumo provoca insustentabilidad, en las segundas es la pobreza la causa primaria de la subutilización de los recursos naturales y de situaciones de ausencia de cobertura de las necesidades básicas que dan lugar a problemas como la deforestación, la contaminación o la erosión de los suelos.
En relación con la sustentabilidad social, debemos tener en cuenta que ella implica promover un nuevo estilo de desarrollo que favorezca el acceso y uso de los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad y que sea “socialmente sustentable en la reducción de la pobreza y de las desigualdades sociales y promueva la justicia y la equidad; que sea culturalmente sustentable en la conservación del sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad que, pese a su evolución y reactualización permanente, determinan la integración nacional a través de los tiempos; y que sea políticamente sustentable al profundizar la democracia y garantizar el acceso y la participación de todos en la toma de decisiones públicas. Este nuevo estilo de desarrollo tiene como norte una nueva ética del desarrollo, una ética en la cual los objetivos económicos del progreso estén subordinados a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales y a los criterios de respeto a la dignidad humana y de mejoría de la calidad de vida de las personas” . En relación con estas apreciaciones de Guimarães, la dimensión aludida se relaciona estrechamente, además, con los aspectos culturales y políticos de las sociedades.
Pero no sólo la sustentabilidad deberá promover cambios cualitativos en el bienestar de las sociedades y afianzar el equilibrio ambiental planetario, sino que deberá considerar la dimensión social en su más profundo sentido. Esto se comprende si se expresa que es natural que un ser humano en situación de extrema pobreza, exclusión o marginalidad no pueda tener un compromiso estrecho con la sustentabilidad. Por ejemplo, no se le podrá pedir a quienes no tienen leña para calefaccionar sus hogares que no talen de manera desmedida los árboles cercanos a sus casas o sobreconsuman las especies y sobrepastoreen los suelos con sus ganados. En sentido contrario, en situaciones de riqueza, las poblaciones tienden al sobreconsumo y, por lo tanto, tampoco se comprometerán con la sustentabilidad, hecho que es notorio en las grandes ciudades, en las que la cultura del shopping, la comida chatarra, el gasto exagerado de energía y agua es moneda corriente.
En términos de la relación entre estos dos extremos de la sociedad, no hay duda que la inserción privilegiada de unos –los ricos-, en el proceso de acumulación, y por ende en el acceso y uso de los recursos y servicios de la naturaleza, les permite transferir a los otros –los pobres-, los costos sociales y ambientales de la insustentabilidad a los sectores subordinados o excluidos. Ello implica, especialmente en los países periféricos, con graves problemas de pobreza, desigualdad y exclusión, que los fundamentos sociales de la sustentabilidad suponen postular como criterios básicos de política pública los de la justicia distributiva, para el caso de bienes y de servicios, y los de la universalización de cobertura, para las políticas globales de educación, salud, vivienda y seguridad social .
Guimarães también aporta el concepto de actores sociales de la sustentabilidad al referirse a los componentes básicos de la sustentabilidad, como son el sustento del stock de recursos y la calidad ambiental para la satisfacción de las necesidades básicas de las poblaciones. Desde este punto de vista es necesario considerar a las generaciones actuales y futuras, que son extrañas al mercado, ya que responden a la asignación óptima de recursos en el corto plazo y no en el largo plazo. Lo mismo se aplica, con mayor razón, al tipo específico de escasez actual. Si la escasez de recursos naturales puede, aunque imperfectamente, ser afrontada en el mercado, elementos como el equilibrio climático, la capa de ozono, la biodiversidad o la capacidad de recuperación del ecosistema trascienden a la acción del mercado.
En el siguiente gráfico, se aprecia la inclusión de los actores sociales en el contexto de sus interacciones con los distintos componentes del Estado.
Las condiciones que permiten alcanzar un desarrollo sustentable requieren de acuerdos que incluya a los actores sociales, políticos y la agenda pública del Estado.
Sería muy difícil encontrar un actor social que estuviera en contra del desarrollo sustentable. Entonces es necesario plantear: ¿cuáles son los actores sociales promotores del desarrollo sustentable?
Hoy convivimos con dos realidades contrapuestas. Por un lado, los actores sociales concuerdan en que el estilo actual se ha agotado y es decididamente insustentable, no sólo desde el punto de vista económico y ambiental, sino principalmente en lo que se refiere a la justicia social. Por el otro, no se adoptan las medidas requeridas para la transformación de las instituciones que dieron sustento al estilo de vida actual. El concepto de sustentabilidad supondría una restricción ambiental al proceso económico, sin afrontar todavía los procesos institucionales y políticos que regulan la propiedad, control, acceso y uso de los recursos naturales y de los servicios ambientales.
La creciente importancia dada a los criterios de consumo y de producción sustentable es un objetivo que los países alcanzarán cuando comiencen a reconocer que la sustentabilidad demanda un enfoque estratégico a largo plazo para transformar las causas que provocan los problemas ambientales. En relación con el tema de los patrones de consumo es posible señalar que ellos están determinado por una red de actores y mecanismos que pueden sintetizarse en: el precio de los bienes y servicios, las características de la infraestructura (vivienda, energía, transportes), los presupuestos individuales y empresariales, el perfil de actividad de los particulares y las empresas y las alternativas en los modos de vida. Los diferentes niveles de influencias y vínculos de interdependencia dentro de estas redes destacan aspectos condicionantes que los gobiernos deben considerar para operar los cambios sustentables .
La dimensión económica
El debate economía - medio ambiente es uno de los que ha suscitado las polémicas más arduas en términos de su relación con la sustentabilidad. Se ha señalado con razón que aún la ciencia económica no tiene una respuesta convincente a la crítica ecológica. La economía falla al valorar la riqueza global de las naciones, sus recursos naturales y especialmente los precios de las materias primas. Por ejemplo, si nos referimos al precio de los recursos energéticos agotables, es evidente que su valoración siempre es menor que la real en términos de su preservación para las futuras generaciones. También es posible cuestionarse si el precio que las industrias tienen que pagar por insertar residuos no reciclados al ambiente tampoco sea el racional. Entonces, cuáles serán los precios adecuados. Aquí se incorpora usualmente la noción de externalidades como los aspectos ambientales que no tienen valoración cuantitativa en la contabilidad o en el proceso de producción. De allí la importancia de valorizar los recursos al menos por su costo de reposición y construir con ellos por ejemplo, cuentas del patrimonio natural para saber qué y cuánto tenemos, cómo lo podríamos usar en diferentes alternativas y cuánto nos queda en cada caso.
Para desarrollar el tema de la dimensión económica de la sustentabilidad se puede plantear la pregunta: ¿es posible la sostenibilidad ambiental con la economía de mercado? Esta cuestión requiere de un debate en el que se requiere admitir como modelo económico sostenible desde el punto de vista ambiental a aquél que se adecua a los ciclos biogeoquímicos de la materia, y le permite así perpetuarse en el tiempo. Existen una serie de acuerdos que al establecer determinadas metas ambientales, de manera de influir en las formas, productos y subproductos de las actividades económicas. Existen también normas que promueven influir en la mejora ambiental de la actividad de una empresa, pero cuya aceptación y desarrollo son plenamente voluntarias, (normas ISO 14000). A otra escala, también existen procedimientos de evaluación de los impactos ambientales generados por un proyecto o actividad.
Pero sin duda la pregunta trae a colación, según el mismo autor, otra que plantea: ¿es posible hacer sostenible la relación que mantienen la economía y el medio natural sin cambiar el modelo económico? El modelo económico actual se basa en la búsqueda de la plusvalía. Toda actividad está hecha a través de esta lógica, en la que además el interés privado prevalece sobre el interés colectivo. El dueño de los recursos tiene derecho a explotarlos de la forma que mejor convenga a sus intereses, es decir de la forma que mayor plusvalía obtenga. Visto el panorama, las administraciones parecen intentar hacer lo posible por que la mayor plusvalía se obtenga realizando actividades sostenibles, ya sea mediante ayudas a la mejora tecnológica o certificando sellos que mejoren la imagen de la empresa. Pero el camino andado en este sentido ya que sólo se producen mejoras parciales y el modelo económico sigue siendo insostenible.
La dimensión cultural
La evolución de la sociedad hacia estilos de producción y consumo sustentables implica un cambio en el modelo de civilización hoy dominante, particularmente en lo que se refiere a los patrones culturales de relación sociedad-naturaleza. “La adecuada comprensión de la crisis supone pues el reconocimiento de que ésta se refiere al agotamiento de un estilo de desarrollo ecológicamente depredador, socialmente perverso, políticamente injusto, culturalmente alienado y éticamente repulsivo. Lo que está en juego es la superación de los paradigmas de la modernidad que han estado definiendo la orientación del proceso de desarrollo. En ese sentido, quizás la modernidad emergente en el Tercer Milenio sea la `modernidad de la sustentabilidad´, en donde el ser humano vuelva a ser parte de la naturaleza” .
La sustentabilidad no sólo debería promover la productividad de la base de los recursos y la integridad de los sistemas ecológicos, sino también los patrones culturales y la diversidad cultural de los pueblos.
Actualmente, la principal causa de la insustentabilidad posee una dimensión cultural, según cómo sea la cosmovisión o forma de ver el mundo. Desde ésta perspectiva, la cultura occidental contemporánea es insustentable. Su relación con el entorno se fundamenta en la idea de la apropiación de la naturaleza como una inagotable fuente de recursos.
La sustentabilidad cultural comprende la situación de equidad que promueve que los miembros de una comunidad o país, tengan acceso igual a oportunidades de educación y aprendizaje de valores congruentes con un mundo crecientemente multicultural y multilingüe y de una noción de respeto y solidaridad en términos de sus modos de vida y formas de relación con la naturaleza.
La dimensión geográfica
El "Informe sobre los Recursos Mundiales - 1992", elaborado por el PNUD, enfoca el desarrollo sustentable como un proceso que requiere un progreso simultáneo global en las diversas dimensiones: económica, humana, ambiental y tecnológica. Como se ve, inicialmente se soslayaba la dimensión geográfica en su significado específicamente territorial, pues el ambiental está naturalmente explicitado.
Si se tiene en cuenta la dimensión geográfica de la sustentabilidad se advierte que tendrá diferentes interpretaciones para una aldea africana, una aglomeración latinoamericana o una nación industrializada europea. Tal vez la sustentabilidad sea más relevante para un estado industrial por el deterioro que es ostensible, mientras la sustentabilidad no sea aún “consciente” para una aldea africana y, demás está decirlo, ha sido practicada por las culturas precolombinas.
Las dimensión geográfica –también denominada territorial-, de la sustentabilidad constituye uno de los principales desafíos de las políticas públicas contemporáneas –de ordenamiento y planificación ambiental-, que requiere territorializar la sustentabilidad ambiental y social del desarrollo y, a la vez, sustentabilizar el desarrollo de las regiones, es decir, garantizar que las actividades productivas de las distintas economías regionales promuevan la calidad de vida de la población y protejan el patrimonio natural para resguardarlos para las generaciones venideras .
La afirmación del Informe sobre recursos naturales de que no existen ejemplos de desarrollo sustentable a nivel nacional y que ni los países industriales, ni las economías emergentes, por ejemplo, de Asia Suroriental, ofrecen modelos adecuados, se sustenta en que todavía ha sido poco considerada su dimensión geográfica en términos de ordenación territorial. Se plantea entonces ¿cuál es la viabilidad del desarrollo sustentable en los países latinoamericanos, por ejemplo, frente a políticas macroeconómicas de altísimos impactos ambientales y territoriales negativos? El modo de equilibrar el actual modelo de "subdesarrollo insustentable" es mediante la inserción de la dimensión ambiental y de la dimensión geográfica en la política, aspectos insuficientemente relevantes en los países latinoamericanos en los que se difunde un discurso ambiental pero no una verdadera política ambiental.
La dimensión geográfica de la sustentabilidad implica el progreso armónico de los distintos sistemas espaciales/ambientales, atenuando las disparidades y disfuncionalidades del territorio, además de promover sus potencialidades y limitar las vulnerabilidades. La dimensión territorial en la acción y gestión de gobierno constituye una visión globalizadora del desarrollo, un corte horizontal en la integración de los diferentes sectores y niveles gubernamentales. "El objetivo final de la ordenación territorial es lograr una relación armónica entre el medio ambiente y los asentamientos humanos con el propósito de disminuir las desigualdades regionales y lograr un desarrollo socialmente equilibrado, respetando la naturaleza" . Para lograr ese objetivo es necesario pensar que la relación hombre-ambiente no se define a través de generalizaciones macro sino en una escala de relevancia inmediata, de vida. Es la escala local y su integración en la escala regional, un principio de organización fundamental que requiere autonomía de decisiones.
La defensa de los grupos indígenas y rurales contra las industrias extractivas, las grandes represas, la deforestación comercial o las plantaciones uniformes de árboles, la resistencia de los organismos no gubernamentales genuinos, es parte de la defensa de la identidad de los pueblos. Ahora bien, la semejanza estructural de muchos conflictos ecológicos alrededor del mundo en culturas muy diferentes, también el hecho que el concepto de justicia ambiental sea usado no sólo en Estados Unidos sino en Brasil y en Sudáfrica, teniendo en cuenta la dimensión geográfica de la sustentabilidad permite afirmar que los conflictos ecológico-distributivos no deben ser vistos como expresiones de la política de la identidad. Por el contrario, la identidad étnica o social es uno de los lenguajes con que se representan los conflictos ecológico-distributivos, que nacen del uso cada vez mayor que la economía hace del ambiente natural del cual todos dependemos para vivir, en detrimento de la dimensión geográfica de la sustentabilidad .
La dimensión política
El fundamento político de la sustentabilidad se encuentra estrechamente vinculado a los procesos de democratización y de construcción de la ciudadanía, y busca garantizar la incorporación plena de las personas a los beneficios de la sustentabilidad.
Esta se resume, a nivel micro, en la democratización de la sociedad, y a nivel macro, en la democratización del Estado. El primer objetivo supone el fortalecimiento de la capacidad de las organizaciones sociales y comunitarias, el acceso a la información de todos los ciudadanos en términos ambientales, y la capacitación para la toma de decisiones. El segundo se logra a través del control ciudadano del Estado y la incorporación del concepto de responsabilidad política en la actividad pública. Ambos procesos constituyen desafíos netamente políticos, los cuales sólo podrán ser enfrentados a través de la construcción de alianzas entre diferentes grupos sociales, de modo de proveer la base de sustentación y de consenso para el cambio de estilo de vida hacia la sustentabilidad.
También requiere del sinceramiento de los organismos internacionales que tienen injerencia en la sustentabilidad a través de sus fondos para el desarrollo, cuestión de alta complejidad.
Corolario: La dimensión educativa de la sustentabilidad
El concepto de educación ambiental es dinámico, es decir, se modifica a la par del medio ambiente y también según la percepción de los distintos sujetos sociales y contextos. Tradicionalmente se trabajaban los aspectos naturales del medio desde planteamientos próximos a las ciencias naturales. Posteriormente, se planteó la necesidad de incluir de forma explícita al medio ambiente en los procesos educativos, pero la atención se centró en cuestiones como la conservación de los recursos naturales, la protección de la fauna y flora, etc.
Actualmente se reconoce que aunque los elementos físico naturales constituyen el sustento del medio ambiente; también las dimensiones socioculturales, políticas y económicas son fundamentales para entender las relaciones que la humanidad establece con su medio y para gestionar mejor los recursos naturales. También se ha tomado conciencia de la interdependencia existente entre el medio ambiente, el desarrollo y la educación. Es esa conciencia la que conduce a demandar la reorientación de la educación ambiental de modo que, además de la preocupación por el uso racional de los recursos, florezca el interés por el reparto de esos recursos y se modifiquen los modelos de desarrollo que orientan su utilización.
La dimensión educativa de la sustentabilidad es una respuesta duradera que se considera transversal a toda la educación y que aporta un nuevo paradigma que brinda un profundo giro de innovación cultural.
La educación ambiental es un proceso de toma de conciencia y acción sociales sobre los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición, socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan activamente en pro del ambiente, por los profesionales, científicos expertos y por los educadores, revela una distancia notable entre el discurso, es decir, lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis –en términos de la dimensión educativa de la sustentabilidad-, parece no coincidir con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el contraste entre los resultados económicos promisorios y los indicadores de la Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los problemas ambientales.
El saber ambiental es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de gran solidez. Este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva disciplina, sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre las distintas esferas de la Tierra y el hombre.
En síntesis, la dimensión educativa de la sustentabilidad resulta clave para comprender las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, así como para conseguir una percepción más clara de la importancia de los factores socioculturales en la génesis de los problemas ambientales. En esta línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y los comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la población en el proceso de toma de decisiones.
La educación ambiental así entendida puede y debe ser una clave estratégica que incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la sustentabilidad y la equidad.
jueves, 6 de mayo de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Cine en Numen: ACERCA DE “LA VIDA DE LOS OTROS”
o la verdadera traición
Por: Héctor Correa
enero, 2008
hocorrea@gmail.com
TAMBIÉN PODRÍA HABERSE TITULADO “SONATA PARA UN HOMBRE BUENO”
Dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck (también guionis-ta). 137 min. Alemania. (2006). Intérpretes: Martina Gedeck (Chris-ta-Maria Sieland) Ulrich Mühe (Hauptmann Gerd Wiesler) Sebas-tian Koch (Georg Dreyman) Ulrich Tukur (Oberstleutnant Anton Grubitz) Thomas Thieme (Ministro Bruno Hempf) Hans Uwe Bauer (Paul Hauser) Volkmar Kleinert (Albert Jerska). Mejor Película Europea 2006 y el Oscar 2007 a la mejor Película de habla no inglesa
Florian Henckel von Donnersmarck cuenta una sencilla –formalmente sencilla-, y cruel historia: Hauptmann Gerd Wiesler, agente de inteligencia de la Stassi o Staatssicherheit -la agencia de seguridad del Estado de la ex República Democrática de Alemania- debe seguir minuciosamente los pasos del dramaturgo Georg Dreyman, sospechado de actividades peligrosas para el régimen, mientras su esposa Christa-Maria Sieland, actriz de tea-tro, débil y confundida, entrega su cuerpo al ministro de las Artes Bruno Hempf. La historia se ubica unos años antes de la caída del muro de Berlín (1984), y se desarrolla hasta unos años después de dicha caída.
A 18 años de la reunificación de las dos Alemanias von Donners-marck narra un cuento sobre el verdadero engaño de una mujer y la extraña decisión del agente, propio de un hombre bueno, que salva la vida del dramaturgo.
Cuestiones éticas y políticas se entremezclan; planteos acerca del arte y su rol en el desarrollo cultural de un país se insertan, a veces sutilmente, otras en forma directa; puntos de vista sobre el papel del “intelectual” en la sociedad –del realizador y del guión- se confunden en una extraña madeja de actividades clandestinas y miradas vigilantes –voyeurismo político- que impactan, sin duda, en la vida de cualquier habitante de un país en plena decaden-cia y transformación. Esa es la tragedia que va tiñendo la narración. Todo un tema éste, donde la “caída” del muro se “erige”, vaya paradoja, en la resultante de un proceso de decadencia político-social de una Europa signada, marcada por la intolerancia, el autoritarismo y la descomposición moral. Nadie, que yo sepa, y menos un agente de la Gestapo, se transformó de malo en bueno por obra del fisgoneo sobre la vida privada de los otros, e incluso cuando tal conversión se produce en medio de una actividad secreta encomendada por las autoridades de la inteligencia alemana. Pero, así y todo, esta no es la cuestión. El asunto pa-sa, reitero por el contenido ético, moral e ideológico, que le da el director del film a la crisis que se produce en el agente Gerd, el mejor, profesor, educador e instructor en materia de seguridad, con que cuenta la Staatssicherheit.
En este sentido, sobre la mutación y el impacto que se produce sobre los personajes, Hitchcock ha realizado un estudio bastante minucioso al respecto, y Alain Robbe-Grillet ha contribuido sus-tancialmente a través de sus obras en la formulación de toda una corriente literaria -“ecole du regard” o “nouveau roman”-, y una concepción del mundo asentada en la mirada (“La jalousie”- La celosía-) como eje y sentido de la existencia del hombre y sus relaciones con la sociedad. Alain Renais, minucioso y detallista, llevó al cine algunas de sus obras, y pretendió penetrar, con el ojo de la cámara, en el hombre, sus problemas existenciales y la irremediable caída en el abismo espacio-temporal como recurso narra-tivo y semántico. Toda una experiencia que murió como mueren ciertos esquemas teóricos producto de un estado de confusión de la europa post-bélica ante la avasallante movida “gobalizadora” del mundo occidental liderado por EEUU. La caída del muro no es más que otro producto de eso. La Alemania que retrata von Don-nersmarck refleja con crudeza esa fase histórica más que ningún otro país europeo. No en vano sitúa la historia en medio de una metamorfosis socio-política donde el factor temporal más que el espacio juega un rol de clara influencia en la vida de los personajes hasta el punto de hacerlos desaparecer social y físicamente con el advenimiento de una nueva Alemania, más occidental y moderna, pero menos humana.
Alemania ha producido exponentes de basta trayectoria e influencia a nivel planetario en ese proceso de búsqueda de sentido en cuanto a la vinculación del intelectual con el mundo y, por añadidura, la concepción estética que conlleva en tanto y en cuanto se genera una interrelación dialéctica, tal los estudios de Bertold Bretch sobre el individualismo occidental en el teatro y en la sociedad. Recordemos que el amigo del dramaturgo le regala una obra musical de Brecht (en la ficción) a Georg, hecho que trae a la historia un elemento de profundo reconocimiento por parte del autor.
La Sonata del hombre bueno, se inserta así en el film, como otro elemento de sustancial relevancia, hasta tal punto que parece más un homenaje moral y ético a ciertos valores entrañables que trata de rescatar, que una intención de adornar una historia cruel y áspera con un rasgo de bondad y belleza musical. El final de la historia y la dedicatoria de la obra al “hombre bueno” que salvó su vida, tiene como correlato la triste y amarga imagen que nos queda de la actriz que engañó a su amor por permanecer a toda costa en las tablas, o en otras palabras por permanecer en la concepción individualista, egoísta e insensible del artista en el mundo occidental. Quizá el tema más importante del film.
Si bien muchas críticas hacen referencia a “la transformación” (ética y moral) como el eje de esta historia, nosotros preferimos resaltar otro aspecto o punto de vista, como ser la espeluznante tarea de mirar subrepticiamente la vida de los otros, sus implican-cias éticas, morales y por supuesto estéticas en este film, no tanto –esta actividad- como mera y natural curiosidad por la existencia ajena, como ocupación enfermiza o patológica, sino como herramienta política de estado, sea éste del tono político que sea. Creo que el autor, el realizador, si bien utiliza el recurso de un género artístico -el teatro- para delinear el perfil de los personajes involucrados, quizá donde -la cultura- con mayor sutileza cualquier régimen político cuestiona sus exponentes, el irracional y enfermizo voyeurismo puede darse en cualquier actividad del hombre en la sociedad, más si se cree en la peligrosidad de sus activi-dades o la paranoia social está instalada en la cultura como elemento deformante y enajenador de la conciencia de los individuos. Ya Hitchcock en su formidable “La ventana indiscreta” po-nía a James Stewart a mirar por la ventana de su departamento aburrido y hastiado en su convalecencia, a “mirar” la vida de los otros o curiosear su entorno habitacional, como un ser omnipresente e inmaculado, con derecho a meterse en la vida del prójimo así como así, dando pie a una historia siniestra donde un esposo descuartiza a su esposa como si tal cosa. Traigo a mi memoria a Alfred Hitchcock, porque quizá como ninguno indagó, a través del cine, en el hombre con sus vicios y debilidades de toda índole. En otro artículo habíamos visto al director polaco Krysztof Kielowski cómo en su obra sobre los Mandamientos, en el capítulo correspondiente a “Una película de amor” su protagonista espia-ba a una prostituta dotado de un catalejos, para terminar mos-trando la intensa y vital soledad de la mujer, su angustia y su triste existencia en la Polonia moderna.
La Staatssicherheit, algo así como la CIA en EEUU, o el FBI, sospe-cha del autor, de sus actividades contra la República Democrática y decide espiarlo noche y día. Gerd Wiesler –el espía- fisgonea sobre la vida del dramaturgo Georg Dreyman y su esposa, ayudado por otro integrante de la policía secreta. Entonces dos aspectos o cuestiones plantea esta “profesional actividad” de los servidores de la seguridad, por un lado el impacto emocional que sobre Gerd produce conocer íntimamente, no por medios muy loables, a estos dos exponentes de la cultura de la Alemania anterior a la caída del muro, a medida que va ratificando sus actividades peligrosas para el régimen y el estado. Y por el otro, sus “fisgoneados”, y no por obra del espía, van también descubriendo que no son los mismos de antes al concluir el film. Un extenso y muy bien planteado epílogo devuelve a su real dimensión la caracterización ética de los personajes y con ello la concepción estética del film.
El intelectual para ciertos países socialistas debía contribuir a la transformación de la realidad. El artista debía realizar su obra teniendo como objetivo esa noción. En esta obra, Florian Henckel von Donnersmarck mira con cierta actitud incrédula y dubitativa esta idea, es evidente que su estética termina siendo determinada por esa configuración ideológica de la relación creador-realidad.
La calidad de hombre “bueno” quizá se centre más en el proceso paulatino de toma de conciencia y compromiso con Christa-Maria Sieland y Georg Dreyman por parte del agente Hauptmann Gerd Wiesler, el compromiso por el “otro”en definitiva, –con inde-pendencia de cuestiones político-ideológicas-, que en el transcur-so o devenir de “malo” a “bueno” que le va sucediendo. Es raro que un hombre entrenado por la Stassi, profesor y estudioso del arte de la vigilancia, la seguridad y el interrogatorio, se transforme porque sí en todo lo contrario. Así comienza la película. El régimen (detrás de la cortina de hierro), desde el punto de vista del occidental y cristiano es por naturaleza perverso y cruel. Notamos, entonces, que Florian Henckel von Donnersmarck trató de poner su mirada sobre la indiferencia, el no te metas y la falta total de compromiso por el otro, como resorte para una historia donde la mirada subrepticia sobre la vida de los demás es sólo un recurso más de la comunicación deshumanizada por la que atraviesa el hombre contemporáneo. Pero no precisamente bajo ese régi-men, que toca su fin con la caída del muro de Berlín, es donde esa mirada del realizador adquiere un carácter execrador, sino por su condición de intelectual ”independiente” e individualista, sumido en su obra como expresión única y descomprometida con la realidad, donde su cuestionamiento se hace más profundo y vital.
La ruptura que produce la caída del muro de Berlín en el alemán, en especial el intelectual alemán que debe discernir sobre este hecho de significación histórica, es el desafío que enfrenta Florian Henckel von Donnersmarck a través de la narración en imágenes de esta historia de agentes secretos y la actitud íntegra que implica asumir y tomar conciencia de las consecuencias de tal actividad en la vida de los otros. Si lo que cuenta es una parábola moral acerca de un hombre que debe realizar una tarea horrible siendo en realidad bueno es secundario frente a este otro núcleo narrativo acerca de las definiciones éticas del intelectual comprometido y la traición.
Woody Allen en “Crímenes y Pecados”, uno de sus films más “ideológicos”, la “mirada” de Dios se transforma en el eje sobre el cual giran dos historias paralelas, donde la tragedia se adueña de una y la decepción y el desengaño de la otra.
Muchos autores han asentado sus estéticas sobre esta concepción. El cine, en sus fundamentos, no es otra cosa que el ojo del hombre observando imágenes en movimiento, o mejor dicho luz en movimiento, percepción del mundo que nos rodea, de una realidad, según unos, ajena a la conciencia del hombre, según otros producto de ella. En definitiva es acerca del hombre. Si es un ente, un ser omnisciente y omnipresente, o su propia consciencia, en definitiva se refiere a una postura existencial sin duda a resolver. No nos olvidemos de Bergman en “La fuente de la doncella” y el grito del padre invocando a Dios en medio de la duda y la incertidumbre y la búsqueda del perdón divino, o en “El sépti-mo sello” la figura de la muerte trabada en una dura lucha ajedrecística –vital y definitiva-, con el caballero andante. Ambos, sujetos a una decisión –a una mirada omnisciente- para definir su último rumbo en este mundo. Menos místico, pero no menos sus-tancioso en Hitchcock al situar su personaje en “La ventana indiscreta” frente al vecindario y no moverlo prácticamente para na-da durante toda la narración.
La saga de Jason Bourne, –el agente secreto de la CIA que pier-de la memoria y busca tenazmente su identidad durante tres alucinantes películas (Paul Greengrass, director inglés, y Matt Damon, el protagonista)-, o James Bond –el famoso 007 de la inteligencia británica-, con un desarrollo aún más frondoso y extenso en el tiempo que cualquier otro, no translucen una humanidad tan elaborada y estudiada que la de este personaje de la ex Alemania socialista. Más aún, los agentes secretos de los grandes auto-res como Joseph Conrad (“El Agente Secreto”), Henry Graham Greene (“El Tercer Hombre”)o John Le Carré (“El Espía que Surgió del Frío”), son construcciones cuidadosas y literariamente muy es-tudiadas pero nunca dotadas de la bondad sobrehumana de Gerd, quien termina sus días post-caída como un simple repartidor de cartas y ajeno a la dimensión histórica de la Alemania unionista y reunificada, muy a su pesar. La dedicatoria al hombre bueno, el reconocimiento tardío y súper-racionalizado del dramaturgo, no son sino señales de un punto de vista particular y teñido de dudas del propio realizador del film, acerca del destino de la nue-va Alemania en medio de la incertidumbre de una Europa conflictiva y contradictoria.
“Es imposible que las personas que oigan esta música no sean buenas…” dice Georg al empezar a tocar la partitura en el piano. La Sonata de un hombre bueno, leitmotiv y eje narrativo de esta obra, compuesta por Gabriel Yared dispara quizá una de las cla-ves más profundas del realizador, pretender que la obra de arte pueda llegar a transformar al hombre, hacerlo más bueno, más generoso y más solidario. Lógica bretchiana, que coincide con la postura o la concepción del intelectual que legitima su acto y su razón de ser al destinar su trabajo a la construcción de un mundo mejor.
Por: Héctor Correa
enero, 2008
hocorrea@gmail.com
TAMBIÉN PODRÍA HABERSE TITULADO “SONATA PARA UN HOMBRE BUENO”
Dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck (también guionis-ta). 137 min. Alemania. (2006). Intérpretes: Martina Gedeck (Chris-ta-Maria Sieland) Ulrich Mühe (Hauptmann Gerd Wiesler) Sebas-tian Koch (Georg Dreyman) Ulrich Tukur (Oberstleutnant Anton Grubitz) Thomas Thieme (Ministro Bruno Hempf) Hans Uwe Bauer (Paul Hauser) Volkmar Kleinert (Albert Jerska). Mejor Película Europea 2006 y el Oscar 2007 a la mejor Película de habla no inglesa
Florian Henckel von Donnersmarck cuenta una sencilla –formalmente sencilla-, y cruel historia: Hauptmann Gerd Wiesler, agente de inteligencia de la Stassi o Staatssicherheit -la agencia de seguridad del Estado de la ex República Democrática de Alemania- debe seguir minuciosamente los pasos del dramaturgo Georg Dreyman, sospechado de actividades peligrosas para el régimen, mientras su esposa Christa-Maria Sieland, actriz de tea-tro, débil y confundida, entrega su cuerpo al ministro de las Artes Bruno Hempf. La historia se ubica unos años antes de la caída del muro de Berlín (1984), y se desarrolla hasta unos años después de dicha caída.
A 18 años de la reunificación de las dos Alemanias von Donners-marck narra un cuento sobre el verdadero engaño de una mujer y la extraña decisión del agente, propio de un hombre bueno, que salva la vida del dramaturgo.
Cuestiones éticas y políticas se entremezclan; planteos acerca del arte y su rol en el desarrollo cultural de un país se insertan, a veces sutilmente, otras en forma directa; puntos de vista sobre el papel del “intelectual” en la sociedad –del realizador y del guión- se confunden en una extraña madeja de actividades clandestinas y miradas vigilantes –voyeurismo político- que impactan, sin duda, en la vida de cualquier habitante de un país en plena decaden-cia y transformación. Esa es la tragedia que va tiñendo la narración. Todo un tema éste, donde la “caída” del muro se “erige”, vaya paradoja, en la resultante de un proceso de decadencia político-social de una Europa signada, marcada por la intolerancia, el autoritarismo y la descomposición moral. Nadie, que yo sepa, y menos un agente de la Gestapo, se transformó de malo en bueno por obra del fisgoneo sobre la vida privada de los otros, e incluso cuando tal conversión se produce en medio de una actividad secreta encomendada por las autoridades de la inteligencia alemana. Pero, así y todo, esta no es la cuestión. El asunto pa-sa, reitero por el contenido ético, moral e ideológico, que le da el director del film a la crisis que se produce en el agente Gerd, el mejor, profesor, educador e instructor en materia de seguridad, con que cuenta la Staatssicherheit.
En este sentido, sobre la mutación y el impacto que se produce sobre los personajes, Hitchcock ha realizado un estudio bastante minucioso al respecto, y Alain Robbe-Grillet ha contribuido sus-tancialmente a través de sus obras en la formulación de toda una corriente literaria -“ecole du regard” o “nouveau roman”-, y una concepción del mundo asentada en la mirada (“La jalousie”- La celosía-) como eje y sentido de la existencia del hombre y sus relaciones con la sociedad. Alain Renais, minucioso y detallista, llevó al cine algunas de sus obras, y pretendió penetrar, con el ojo de la cámara, en el hombre, sus problemas existenciales y la irremediable caída en el abismo espacio-temporal como recurso narra-tivo y semántico. Toda una experiencia que murió como mueren ciertos esquemas teóricos producto de un estado de confusión de la europa post-bélica ante la avasallante movida “gobalizadora” del mundo occidental liderado por EEUU. La caída del muro no es más que otro producto de eso. La Alemania que retrata von Don-nersmarck refleja con crudeza esa fase histórica más que ningún otro país europeo. No en vano sitúa la historia en medio de una metamorfosis socio-política donde el factor temporal más que el espacio juega un rol de clara influencia en la vida de los personajes hasta el punto de hacerlos desaparecer social y físicamente con el advenimiento de una nueva Alemania, más occidental y moderna, pero menos humana.
Alemania ha producido exponentes de basta trayectoria e influencia a nivel planetario en ese proceso de búsqueda de sentido en cuanto a la vinculación del intelectual con el mundo y, por añadidura, la concepción estética que conlleva en tanto y en cuanto se genera una interrelación dialéctica, tal los estudios de Bertold Bretch sobre el individualismo occidental en el teatro y en la sociedad. Recordemos que el amigo del dramaturgo le regala una obra musical de Brecht (en la ficción) a Georg, hecho que trae a la historia un elemento de profundo reconocimiento por parte del autor.
La Sonata del hombre bueno, se inserta así en el film, como otro elemento de sustancial relevancia, hasta tal punto que parece más un homenaje moral y ético a ciertos valores entrañables que trata de rescatar, que una intención de adornar una historia cruel y áspera con un rasgo de bondad y belleza musical. El final de la historia y la dedicatoria de la obra al “hombre bueno” que salvó su vida, tiene como correlato la triste y amarga imagen que nos queda de la actriz que engañó a su amor por permanecer a toda costa en las tablas, o en otras palabras por permanecer en la concepción individualista, egoísta e insensible del artista en el mundo occidental. Quizá el tema más importante del film.
Si bien muchas críticas hacen referencia a “la transformación” (ética y moral) como el eje de esta historia, nosotros preferimos resaltar otro aspecto o punto de vista, como ser la espeluznante tarea de mirar subrepticiamente la vida de los otros, sus implican-cias éticas, morales y por supuesto estéticas en este film, no tanto –esta actividad- como mera y natural curiosidad por la existencia ajena, como ocupación enfermiza o patológica, sino como herramienta política de estado, sea éste del tono político que sea. Creo que el autor, el realizador, si bien utiliza el recurso de un género artístico -el teatro- para delinear el perfil de los personajes involucrados, quizá donde -la cultura- con mayor sutileza cualquier régimen político cuestiona sus exponentes, el irracional y enfermizo voyeurismo puede darse en cualquier actividad del hombre en la sociedad, más si se cree en la peligrosidad de sus activi-dades o la paranoia social está instalada en la cultura como elemento deformante y enajenador de la conciencia de los individuos. Ya Hitchcock en su formidable “La ventana indiscreta” po-nía a James Stewart a mirar por la ventana de su departamento aburrido y hastiado en su convalecencia, a “mirar” la vida de los otros o curiosear su entorno habitacional, como un ser omnipresente e inmaculado, con derecho a meterse en la vida del prójimo así como así, dando pie a una historia siniestra donde un esposo descuartiza a su esposa como si tal cosa. Traigo a mi memoria a Alfred Hitchcock, porque quizá como ninguno indagó, a través del cine, en el hombre con sus vicios y debilidades de toda índole. En otro artículo habíamos visto al director polaco Krysztof Kielowski cómo en su obra sobre los Mandamientos, en el capítulo correspondiente a “Una película de amor” su protagonista espia-ba a una prostituta dotado de un catalejos, para terminar mos-trando la intensa y vital soledad de la mujer, su angustia y su triste existencia en la Polonia moderna.
La Staatssicherheit, algo así como la CIA en EEUU, o el FBI, sospe-cha del autor, de sus actividades contra la República Democrática y decide espiarlo noche y día. Gerd Wiesler –el espía- fisgonea sobre la vida del dramaturgo Georg Dreyman y su esposa, ayudado por otro integrante de la policía secreta. Entonces dos aspectos o cuestiones plantea esta “profesional actividad” de los servidores de la seguridad, por un lado el impacto emocional que sobre Gerd produce conocer íntimamente, no por medios muy loables, a estos dos exponentes de la cultura de la Alemania anterior a la caída del muro, a medida que va ratificando sus actividades peligrosas para el régimen y el estado. Y por el otro, sus “fisgoneados”, y no por obra del espía, van también descubriendo que no son los mismos de antes al concluir el film. Un extenso y muy bien planteado epílogo devuelve a su real dimensión la caracterización ética de los personajes y con ello la concepción estética del film.
El intelectual para ciertos países socialistas debía contribuir a la transformación de la realidad. El artista debía realizar su obra teniendo como objetivo esa noción. En esta obra, Florian Henckel von Donnersmarck mira con cierta actitud incrédula y dubitativa esta idea, es evidente que su estética termina siendo determinada por esa configuración ideológica de la relación creador-realidad.
La calidad de hombre “bueno” quizá se centre más en el proceso paulatino de toma de conciencia y compromiso con Christa-Maria Sieland y Georg Dreyman por parte del agente Hauptmann Gerd Wiesler, el compromiso por el “otro”en definitiva, –con inde-pendencia de cuestiones político-ideológicas-, que en el transcur-so o devenir de “malo” a “bueno” que le va sucediendo. Es raro que un hombre entrenado por la Stassi, profesor y estudioso del arte de la vigilancia, la seguridad y el interrogatorio, se transforme porque sí en todo lo contrario. Así comienza la película. El régimen (detrás de la cortina de hierro), desde el punto de vista del occidental y cristiano es por naturaleza perverso y cruel. Notamos, entonces, que Florian Henckel von Donnersmarck trató de poner su mirada sobre la indiferencia, el no te metas y la falta total de compromiso por el otro, como resorte para una historia donde la mirada subrepticia sobre la vida de los demás es sólo un recurso más de la comunicación deshumanizada por la que atraviesa el hombre contemporáneo. Pero no precisamente bajo ese régi-men, que toca su fin con la caída del muro de Berlín, es donde esa mirada del realizador adquiere un carácter execrador, sino por su condición de intelectual ”independiente” e individualista, sumido en su obra como expresión única y descomprometida con la realidad, donde su cuestionamiento se hace más profundo y vital.
La ruptura que produce la caída del muro de Berlín en el alemán, en especial el intelectual alemán que debe discernir sobre este hecho de significación histórica, es el desafío que enfrenta Florian Henckel von Donnersmarck a través de la narración en imágenes de esta historia de agentes secretos y la actitud íntegra que implica asumir y tomar conciencia de las consecuencias de tal actividad en la vida de los otros. Si lo que cuenta es una parábola moral acerca de un hombre que debe realizar una tarea horrible siendo en realidad bueno es secundario frente a este otro núcleo narrativo acerca de las definiciones éticas del intelectual comprometido y la traición.
Woody Allen en “Crímenes y Pecados”, uno de sus films más “ideológicos”, la “mirada” de Dios se transforma en el eje sobre el cual giran dos historias paralelas, donde la tragedia se adueña de una y la decepción y el desengaño de la otra.
Muchos autores han asentado sus estéticas sobre esta concepción. El cine, en sus fundamentos, no es otra cosa que el ojo del hombre observando imágenes en movimiento, o mejor dicho luz en movimiento, percepción del mundo que nos rodea, de una realidad, según unos, ajena a la conciencia del hombre, según otros producto de ella. En definitiva es acerca del hombre. Si es un ente, un ser omnisciente y omnipresente, o su propia consciencia, en definitiva se refiere a una postura existencial sin duda a resolver. No nos olvidemos de Bergman en “La fuente de la doncella” y el grito del padre invocando a Dios en medio de la duda y la incertidumbre y la búsqueda del perdón divino, o en “El sépti-mo sello” la figura de la muerte trabada en una dura lucha ajedrecística –vital y definitiva-, con el caballero andante. Ambos, sujetos a una decisión –a una mirada omnisciente- para definir su último rumbo en este mundo. Menos místico, pero no menos sus-tancioso en Hitchcock al situar su personaje en “La ventana indiscreta” frente al vecindario y no moverlo prácticamente para na-da durante toda la narración.
La saga de Jason Bourne, –el agente secreto de la CIA que pier-de la memoria y busca tenazmente su identidad durante tres alucinantes películas (Paul Greengrass, director inglés, y Matt Damon, el protagonista)-, o James Bond –el famoso 007 de la inteligencia británica-, con un desarrollo aún más frondoso y extenso en el tiempo que cualquier otro, no translucen una humanidad tan elaborada y estudiada que la de este personaje de la ex Alemania socialista. Más aún, los agentes secretos de los grandes auto-res como Joseph Conrad (“El Agente Secreto”), Henry Graham Greene (“El Tercer Hombre”)o John Le Carré (“El Espía que Surgió del Frío”), son construcciones cuidadosas y literariamente muy es-tudiadas pero nunca dotadas de la bondad sobrehumana de Gerd, quien termina sus días post-caída como un simple repartidor de cartas y ajeno a la dimensión histórica de la Alemania unionista y reunificada, muy a su pesar. La dedicatoria al hombre bueno, el reconocimiento tardío y súper-racionalizado del dramaturgo, no son sino señales de un punto de vista particular y teñido de dudas del propio realizador del film, acerca del destino de la nue-va Alemania en medio de la incertidumbre de una Europa conflictiva y contradictoria.
“Es imposible que las personas que oigan esta música no sean buenas…” dice Georg al empezar a tocar la partitura en el piano. La Sonata de un hombre bueno, leitmotiv y eje narrativo de esta obra, compuesta por Gabriel Yared dispara quizá una de las cla-ves más profundas del realizador, pretender que la obra de arte pueda llegar a transformar al hombre, hacerlo más bueno, más generoso y más solidario. Lógica bretchiana, que coincide con la postura o la concepción del intelectual que legitima su acto y su razón de ser al destinar su trabajo a la construcción de un mundo mejor.
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Música en Numen: GLOBALIZACIÓN DE LA MÚSICA Y CONSECUENTE PÉRDIDA DE IDENTIDAD CULTURAL
GLOBALIZACIÓN DE LA MÚSICA Y CONSECUENTE PÉRDIDA DE IDENTIDAD CULTURAL
1º PARTE: Expansión de las músicas locales
Por: Leandro Doñate
leandrodonate@hotmail.com
Cuando alguien piensa en el jazz, no tarda en asociarlo con un músico negro que sostiene entre sus manos una trompeta o un saxofón. Esto se debe a que el jazz no es simplemente un estilo de música, sino que el jazz representa, de alguna forma, a toda la sociedad estadounidense. Algo similar ocurre con el tango, sólo que en vez de imaginarnos a un músico negro, viene a nuestras mentes la imagen de un caballero alto y delgado que se apoya en una lámpara de alumbrado en plena calle porteña.
Muchas veces encontramos que las sociedades cultivan una música característica y en algunas ocasiones vemos cómo esa música se expande ante los diferentes públicos y comienza a ser asociada con su lugar de origen y hasta con ciertas imágenes características.
El jazz y el tango son dos ejemplos claros de músicas locales que pasaron a formar parte de la cultura de su pueblo, hasta el punto de representarlos en todo el mundo.
Estos dos estilos de música poseen muchos elementos en común, a pesar de que sus nacimientos se produjeron en los dos extremos del continente americano. Entre estos elementos se destacan:1) las dudas acerca del origen de sus nombres; 2) ambas tienen sangre de negros y esclavos; 3) nacieron en los suburbios; 4) tuvieron amplia aceptación por el público pero sólo después fueron accediendo a los salones: y 5) los dos fueron explotados por grandes compositores, que tenían el afán de llevar sus músicas ciudadanas a un nivel de concierto (tal es el caso de nuestro Ástor Piazzolla y de George Gershwin).
Alrededor de los años veinte, en Nueva Orleáns, se terminó de conformar el estilo de música que se llamó jazz. Su comienzo sólo pudo darse como producto de una mezcla de factores que corresponden a un lugar y a un momento histórico determinados. Pero, ¿cómo podemos explicar que en apenas treinta años más, ya se había propagado por todo el mundo, al punto en que casi toda la población de Europa y américa latina, tenía discos con música de los grandes del jazz? Cabe incluso agregar que otros países, distintos de los originarios, tuvieron una gran producción de excelentes músicos de jazz, como Europa y Argentina.
Esta misma situación se da también con el tango. Los europeos escuchan tango y los turistas no se van de la ciudad porteña sin escuchar o acaso ver y quedar maravillados por la música y danza ciudadanas.
Pero retomando aquella pregunta, se la puede reformular en una para ambos estilos: ¿cómo hace un tipo de expresión reciente para resistir frente a la cultura hegemónica, o para pasar a formar parte de la misma?
En el caso del jazz, fue importantísimo el avance del cine después de la segunda Guerra Mundial, éste multiplicó su presencia divulgando, por cada vez más lugares del mundo, la cultura norteamericana. Así, el cine fue también un vehículo para la difusión de la música de jazz, que no fue un simple género musical, sino una nueva manera de entender la composición y la ejecución, y de transformar esa expresión original y propia de un grupo social marginado en una industria para el consumo popular.
El tango, por su parte, ya hacia 1911 se bailaba, en París, tanto como el vals. Los salones aristocráticos de esa ciudad acogían con entusiasmo un baile que aún en Argentina, por su pésima tradición, no era ni siquiera nombrado en los salones.
Lo cierto es que durante el siglo XX, algunas músicas locales resistieron a la cultura hegemónica y trascendieron la cultura de sus pueblos, haciéndose representantes de los mismos, aun cuando, simultáneamente, no eran muy reconocidos entre los grupos sociales más altos.
1º PARTE: Expansión de las músicas locales
Por: Leandro Doñate
leandrodonate@hotmail.com
Cuando alguien piensa en el jazz, no tarda en asociarlo con un músico negro que sostiene entre sus manos una trompeta o un saxofón. Esto se debe a que el jazz no es simplemente un estilo de música, sino que el jazz representa, de alguna forma, a toda la sociedad estadounidense. Algo similar ocurre con el tango, sólo que en vez de imaginarnos a un músico negro, viene a nuestras mentes la imagen de un caballero alto y delgado que se apoya en una lámpara de alumbrado en plena calle porteña.
Muchas veces encontramos que las sociedades cultivan una música característica y en algunas ocasiones vemos cómo esa música se expande ante los diferentes públicos y comienza a ser asociada con su lugar de origen y hasta con ciertas imágenes características.
El jazz y el tango son dos ejemplos claros de músicas locales que pasaron a formar parte de la cultura de su pueblo, hasta el punto de representarlos en todo el mundo.
Estos dos estilos de música poseen muchos elementos en común, a pesar de que sus nacimientos se produjeron en los dos extremos del continente americano. Entre estos elementos se destacan:1) las dudas acerca del origen de sus nombres; 2) ambas tienen sangre de negros y esclavos; 3) nacieron en los suburbios; 4) tuvieron amplia aceptación por el público pero sólo después fueron accediendo a los salones: y 5) los dos fueron explotados por grandes compositores, que tenían el afán de llevar sus músicas ciudadanas a un nivel de concierto (tal es el caso de nuestro Ástor Piazzolla y de George Gershwin).
Alrededor de los años veinte, en Nueva Orleáns, se terminó de conformar el estilo de música que se llamó jazz. Su comienzo sólo pudo darse como producto de una mezcla de factores que corresponden a un lugar y a un momento histórico determinados. Pero, ¿cómo podemos explicar que en apenas treinta años más, ya se había propagado por todo el mundo, al punto en que casi toda la población de Europa y américa latina, tenía discos con música de los grandes del jazz? Cabe incluso agregar que otros países, distintos de los originarios, tuvieron una gran producción de excelentes músicos de jazz, como Europa y Argentina.
Esta misma situación se da también con el tango. Los europeos escuchan tango y los turistas no se van de la ciudad porteña sin escuchar o acaso ver y quedar maravillados por la música y danza ciudadanas.
Pero retomando aquella pregunta, se la puede reformular en una para ambos estilos: ¿cómo hace un tipo de expresión reciente para resistir frente a la cultura hegemónica, o para pasar a formar parte de la misma?
En el caso del jazz, fue importantísimo el avance del cine después de la segunda Guerra Mundial, éste multiplicó su presencia divulgando, por cada vez más lugares del mundo, la cultura norteamericana. Así, el cine fue también un vehículo para la difusión de la música de jazz, que no fue un simple género musical, sino una nueva manera de entender la composición y la ejecución, y de transformar esa expresión original y propia de un grupo social marginado en una industria para el consumo popular.
El tango, por su parte, ya hacia 1911 se bailaba, en París, tanto como el vals. Los salones aristocráticos de esa ciudad acogían con entusiasmo un baile que aún en Argentina, por su pésima tradición, no era ni siquiera nombrado en los salones.
Lo cierto es que durante el siglo XX, algunas músicas locales resistieron a la cultura hegemónica y trascendieron la cultura de sus pueblos, haciéndose representantes de los mismos, aun cuando, simultáneamente, no eran muy reconocidos entre los grupos sociales más altos.
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lunes, 22 de marzo de 2010
Ecología en Numen:LA TRAMA AMBIENTAL ARGENTINA Y LA EDUCACIÓN. LIC. DIANA DURÁN
“Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado ...
Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos”.
Ernesto Sábato. Antes del fin. Seix Barral. 1998.
Ernesto Sábato explicaba en su libro Antes del fin que quienes pregonan los problemas ambientales son unos locos poco creíbles para la sociedad. La Constitución Nacional (1994) declara el derecho de los ciudadanos argentinos de hoy y del futuro a contar con un ambiente sano y ambientalmente sustentable. La Ley Nacional de Educación incluye entre sus artículos que el ambiente debe ser tema de estudio en las escuelas. La matrícula de las nuevas carreras ambientales de grado y posgrado diseminadas por todo el país explota. Todos los políticos cuentan con un “discurso ambiental”. En las escuelas, en las calles y en los espacios públicos se pueden leer consignas ambientales. Los organismos no gubernamentales que se dedican a temas ambientales son muchos y tienen un gran predicamento en la sociedad y en los medios.
En nuestra ciudad, Punta Alta, los ciudadanos viven afligidos por graves cuestiones ambientales tales como la contaminación de la ría, los basurales clandestinos, la sequía y tantos otros…
Y sin embargo:
- Los incendios en los Andes Patagónico-Fueguinos, en la estepa patagónica, en los montes peripampeanos y en muchos otros ambientes argentinos arrasan poblaciones, animales, vegetales y obras humanas, además de las esperanzas compartidas.
- Los bosques y selvas son talados cada día más por grandes empresas transnacionales disminuyendo nuestra amenazada biodiversidad.
- La minería a cielo abierto socava los suelos y también la Madre Tierra de los pueblos originarios y comunidades locales.
- La erosión de los suelos ya es el primer problema ambiental nacional como lo advierte desde hace décadas el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y condiciona en muchas regiones la sustentabilidad de los suelos merced al proceso de agriculturización.
- Riesgos tales como las inundaciones y sequías se agravan y extienden al compás del cambio climático y la ineficiencia gubernamental acechando tanto a las poblaciones marginales como a las poblaciones más privilegiadas desde el punto de vista socio-económico.
- La contaminación urbana no sólo arruina paisajes sino afecta la salud ambiental.
- En la eterna puja entre “bichos” y personas parece que van ganando los primeros a juzgar por la eclosión de nuevas enfermedades ya casi olvidadas como el cólera, el dengue o la tuberculosis.
- Cotidianamente en los medios de comunicación aparece el clamor de las personas castigadas por la localización de sus viviendas en cercanías de establecimientos industriales que no guardan normas ambientales primarias en la deposición de sus desechos, especialmente de aquellos que son peligrosos.
- Vastos paisajes rurales se ven disminuidos en su belleza por el eterno revolotear de bolsas de plástico –las he visto en Península Valdés, patrimonio de la humanidad- o la acumulación de montañas de lavarropas, heladeras y otros electrodomésticos oxidados –especialmente perceptibles en las periferias urbanas.
- Hedores insanos se difunden en los caminos periféricos adyacentes a grandes acumulaciones de desechos urbanos, como el “Camino del Buen Aire” –valga la contradicción- en la provincia de Buenos Aires.
- El ruido urbano en el centro de las ciudades y en las encrucijadas de tránsito de barrios periféricos deprime el espíritu, confunde las ideas y perjudica las actividades humanas.
- La biodiversidad tanto natural como cultural se ve acechada por los impactos ambientales de las “mega” obras humanas.
¿No son estos algunos ejemplos de la contradicción entre ecología y economía? En nuestro país es clave: el crecimiento económico no condice con la extensión y gravedad de los problemas ambientales argentinos. Antes eran poco reconocidos por la sociedad. Ahora la conciencia ha eclosionado y no es posible negarlos. Sin embargo, todavía hay una singular confusión social respecto a la jerarquía de estos problemas. En la escuela se enseña y en los medios se tratan con énfasis las cuestiones referidas a la mortandad de pingüinos por efecto del petróleo o a la muerte de peces en los arroyos y ríos contaminados. Pero, sin embargo, no se difunden con la misma intensidad y frecuencia los problemas referidos a la erosión y desertificación o no se da continuidad a la prevención de los riesgos naturales. Pareciera ser que hay consenso social respecto al problema ambiental en sentido amplio, pero también existe un divorcio entre el discurso y los hechos y aquí es donde empieza a tornarse central el papel de la educación ambiental.
La educación ambiental –con sus correlatos transversales en la educación geográfica- se ha concebido como un proceso de concientización y acción sociales sobre los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición, palabras más palabras menos, es socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan activamente en pro del ambiente –llamados “ambientalistas”-, por los profesionales y científicos expertos y por los educadores. Sin embargo, hay una distancia notable entre el discurso, es decir, lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis parece no coincidir con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el contraste entre los resultados económicos más felices y los indicadores de la Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los problemas ambientales.
El saber ambiental es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de gran solidez como se puede advertir en el libro compilado por Enrique Leff, “Ciencias sociales y formación ambiental” (1994) cuya lectura recomiendo. Allí se define que este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva disciplina sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre las distintas esferas de la Tierra y el hombre.
La educación ambiental pudo insertarse en los contenidos a enseñar acordados en la escala nacional porque ese saber ambiental estaba desarrollado en los ambientes académicos y profesionales. Es así como todas las áreas curriculares del sistema educativo nacional cuentan con contenidos reconocidos por su carácter ambiental. Como se ha repetido una y mil veces la dimensión ambiental se ha insertado ampliamente en lo que se quiere enseñar y tanto los libros de texto como todo otro tipo de materiales didácticos reflejan esa difusión cultural de lo ambiental. Sin embargo, a mi criterio, es posible notar el déficit del conocimiento cabal y profundo sobre los problemas ambientales. En realidad se revela un conocimiento somero, más bien declarativo de docentes, alumnos y comunidad educativa en general sobre los problemas ambientales pero no una formación que culmine en acciones preventivas o activas en pro de solucionarlos. En contrapartida, se advierte el hecho positivo de que día a día aumenta la participación ciudadana a través de foros, actividades comunitarias, clubes, bibliotecas populares, fundaciones, etc.; pero con esto no basta.
En cambio de ocuparnos a tiempo de que las poblaciones en riesgo ambiental por la localización de sus viviendas, trabajos o itinerarios ambientales coincidentes con la distribución geográfica de alguna anomalía de la naturaleza en su relación con la sociedad –inundación, contaminación, vulcanismo, tornado, entre otras- sean advertidas de los próximos eventos que podrían afectarlos; lo hacemos “a posteriori”.
En cambio de advertir a los productores agropecuarios que no avancen con sus explotaciones sobre áreas en riesgo de sequía o inundación, desde las políticas gubernamentales se promueven la agricultura y la ganadería especulativas. Luego se lamentan las pérdidas de cosechas o la liquidación de vientres.
En cambio de localizar las nuevas obras de infraestructura previa evaluación de sus impactos ambientales o de construir nuevos establecimientos en las áreas donde la lógica geográfica así lo indica, lamentamos las consecuencias calamitosas de los embalses en la población y el paisaje o deberemos erradicar en un futuro próximo nuevos establecimientos educativos construidos sobre “lagos” subterráneos de arsénico en una provincia de la Argentina árida.
En suma, actuamos sin previsión, no advertimos a sabiendas porque los profesionales responsables y los científicos lo han escrito y difundido, no enseñamos lo suficiente sobre el tema. Porque en caso contrario, los problemas estarían en vías de solución o, por lo menos sus consecuencias, no serían tan nefastas.
Convengamos en que hay déficits notables en política y educación ambientales. La política ambiental de la última década ha sido pródiga en la Argentina en promulgación de leyes, redacción y publicación de documentos y convocatoria a reuniones, seminarios y congresos a instituciones y profesionales que han producido toneladas de informes y publicaciones. En definitiva, se ha concretado una gran burocracia ambiental. Todos estos papeles escritos podrían ser devorados por los intermitentes incendios forestales del sur y centro del país. Por lo demás, hay déficit de aviones para apagar esos infiernos y las poblaciones estarían igualmente a merced esos riesgos ambientales.
En relación con los riesgos es notorio que los sistemas de alerta no funcionan. Agradezcamos que nuestro país se halle exento del recorrido de huracanes y ciclones porque si tuviéramos que evacuar grandes ciudades las catástrofes humanas serían noticia de primera plana mundial al estilo de los ciclones asiáticos o las sequías africanas. Ni qué hablar sobre la prevención sísmica.
A pesar de que nuestra baja densidad demográfica disminuye el número de víctimas frente a las catástrofes naturales y tecnológicas, refugiados ambientales siempre hay en la Argentina aunque no se difunda su sufrimiento. Entre ellos puedo mencionar a las poblaciones afectadas por la sequía de 1999 en la región chaqueña que las obligó a concentrarse cerca de las áreas donde el abastecimiento de agua era posible porque su ganado moría y sus suelos se resquebrajaban. Lamentablemente esta dramática situación humana no fue noticia en nuestros medios de difusión tan concentrados en las noticias económicas, políticas o de la farándula mediática.
Esta ardua trama ambiental argentina también tiene consecuencias educativas. Hay un desequilibrio notorio entre la densidad de temas ambientales incluidos en el curriculum vigente y la posibilidad que tienen los docentes de enseñar esos múltiples contenidos. Con muy buen criterio se ha explicado que la educación ambiental requiere un compromiso no sólo curricular sino también institucional y comunitario o social. Pero sin embargo las condiciones en que se desenvuelven las comunidades y las instituciones educativas no promocionan estas acciones. Para enseñar problemas ambientales y alternativas de solución los docentes tienen que tener tiempo institucional para, por ejemplo, aprender las nuevas tecnologías informáticas que los ayudarán a mostrar mapas de riesgo ambiental o para planificar actividades interdisciplinares en combinación con otros docentes representativos de distintas áreas del currículum. Estas condiciones primarias todavía no están dadas y la formación docente estuvo exenta del saber ambiental porque simplemente éste no estaba avanzado cuando estudiaron las actuales camadas que se hallan al frente de clase. Por ello la capacitación docente en educación ambiental es central y surtirá efectos positivos en términos de calidad cuando sea permanente y de gran articulación disciplinar y didáctica.
Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos”.
Ernesto Sábato. Antes del fin. Seix Barral. 1998.
Ernesto Sábato explicaba en su libro Antes del fin que quienes pregonan los problemas ambientales son unos locos poco creíbles para la sociedad. La Constitución Nacional (1994) declara el derecho de los ciudadanos argentinos de hoy y del futuro a contar con un ambiente sano y ambientalmente sustentable. La Ley Nacional de Educación incluye entre sus artículos que el ambiente debe ser tema de estudio en las escuelas. La matrícula de las nuevas carreras ambientales de grado y posgrado diseminadas por todo el país explota. Todos los políticos cuentan con un “discurso ambiental”. En las escuelas, en las calles y en los espacios públicos se pueden leer consignas ambientales. Los organismos no gubernamentales que se dedican a temas ambientales son muchos y tienen un gran predicamento en la sociedad y en los medios.
En nuestra ciudad, Punta Alta, los ciudadanos viven afligidos por graves cuestiones ambientales tales como la contaminación de la ría, los basurales clandestinos, la sequía y tantos otros…
Y sin embargo:
- Los incendios en los Andes Patagónico-Fueguinos, en la estepa patagónica, en los montes peripampeanos y en muchos otros ambientes argentinos arrasan poblaciones, animales, vegetales y obras humanas, además de las esperanzas compartidas.
- Los bosques y selvas son talados cada día más por grandes empresas transnacionales disminuyendo nuestra amenazada biodiversidad.
- La minería a cielo abierto socava los suelos y también la Madre Tierra de los pueblos originarios y comunidades locales.
- La erosión de los suelos ya es el primer problema ambiental nacional como lo advierte desde hace décadas el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y condiciona en muchas regiones la sustentabilidad de los suelos merced al proceso de agriculturización.
- Riesgos tales como las inundaciones y sequías se agravan y extienden al compás del cambio climático y la ineficiencia gubernamental acechando tanto a las poblaciones marginales como a las poblaciones más privilegiadas desde el punto de vista socio-económico.
- La contaminación urbana no sólo arruina paisajes sino afecta la salud ambiental.
- En la eterna puja entre “bichos” y personas parece que van ganando los primeros a juzgar por la eclosión de nuevas enfermedades ya casi olvidadas como el cólera, el dengue o la tuberculosis.
- Cotidianamente en los medios de comunicación aparece el clamor de las personas castigadas por la localización de sus viviendas en cercanías de establecimientos industriales que no guardan normas ambientales primarias en la deposición de sus desechos, especialmente de aquellos que son peligrosos.
- Vastos paisajes rurales se ven disminuidos en su belleza por el eterno revolotear de bolsas de plástico –las he visto en Península Valdés, patrimonio de la humanidad- o la acumulación de montañas de lavarropas, heladeras y otros electrodomésticos oxidados –especialmente perceptibles en las periferias urbanas.
- Hedores insanos se difunden en los caminos periféricos adyacentes a grandes acumulaciones de desechos urbanos, como el “Camino del Buen Aire” –valga la contradicción- en la provincia de Buenos Aires.
- El ruido urbano en el centro de las ciudades y en las encrucijadas de tránsito de barrios periféricos deprime el espíritu, confunde las ideas y perjudica las actividades humanas.
- La biodiversidad tanto natural como cultural se ve acechada por los impactos ambientales de las “mega” obras humanas.
¿No son estos algunos ejemplos de la contradicción entre ecología y economía? En nuestro país es clave: el crecimiento económico no condice con la extensión y gravedad de los problemas ambientales argentinos. Antes eran poco reconocidos por la sociedad. Ahora la conciencia ha eclosionado y no es posible negarlos. Sin embargo, todavía hay una singular confusión social respecto a la jerarquía de estos problemas. En la escuela se enseña y en los medios se tratan con énfasis las cuestiones referidas a la mortandad de pingüinos por efecto del petróleo o a la muerte de peces en los arroyos y ríos contaminados. Pero, sin embargo, no se difunden con la misma intensidad y frecuencia los problemas referidos a la erosión y desertificación o no se da continuidad a la prevención de los riesgos naturales. Pareciera ser que hay consenso social respecto al problema ambiental en sentido amplio, pero también existe un divorcio entre el discurso y los hechos y aquí es donde empieza a tornarse central el papel de la educación ambiental.
La educación ambiental –con sus correlatos transversales en la educación geográfica- se ha concebido como un proceso de concientización y acción sociales sobre los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición, palabras más palabras menos, es socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan activamente en pro del ambiente –llamados “ambientalistas”-, por los profesionales y científicos expertos y por los educadores. Sin embargo, hay una distancia notable entre el discurso, es decir, lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis parece no coincidir con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el contraste entre los resultados económicos más felices y los indicadores de la Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los problemas ambientales.
El saber ambiental es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de gran solidez como se puede advertir en el libro compilado por Enrique Leff, “Ciencias sociales y formación ambiental” (1994) cuya lectura recomiendo. Allí se define que este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva disciplina sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre las distintas esferas de la Tierra y el hombre.
La educación ambiental pudo insertarse en los contenidos a enseñar acordados en la escala nacional porque ese saber ambiental estaba desarrollado en los ambientes académicos y profesionales. Es así como todas las áreas curriculares del sistema educativo nacional cuentan con contenidos reconocidos por su carácter ambiental. Como se ha repetido una y mil veces la dimensión ambiental se ha insertado ampliamente en lo que se quiere enseñar y tanto los libros de texto como todo otro tipo de materiales didácticos reflejan esa difusión cultural de lo ambiental. Sin embargo, a mi criterio, es posible notar el déficit del conocimiento cabal y profundo sobre los problemas ambientales. En realidad se revela un conocimiento somero, más bien declarativo de docentes, alumnos y comunidad educativa en general sobre los problemas ambientales pero no una formación que culmine en acciones preventivas o activas en pro de solucionarlos. En contrapartida, se advierte el hecho positivo de que día a día aumenta la participación ciudadana a través de foros, actividades comunitarias, clubes, bibliotecas populares, fundaciones, etc.; pero con esto no basta.
En cambio de ocuparnos a tiempo de que las poblaciones en riesgo ambiental por la localización de sus viviendas, trabajos o itinerarios ambientales coincidentes con la distribución geográfica de alguna anomalía de la naturaleza en su relación con la sociedad –inundación, contaminación, vulcanismo, tornado, entre otras- sean advertidas de los próximos eventos que podrían afectarlos; lo hacemos “a posteriori”.
En cambio de advertir a los productores agropecuarios que no avancen con sus explotaciones sobre áreas en riesgo de sequía o inundación, desde las políticas gubernamentales se promueven la agricultura y la ganadería especulativas. Luego se lamentan las pérdidas de cosechas o la liquidación de vientres.
En cambio de localizar las nuevas obras de infraestructura previa evaluación de sus impactos ambientales o de construir nuevos establecimientos en las áreas donde la lógica geográfica así lo indica, lamentamos las consecuencias calamitosas de los embalses en la población y el paisaje o deberemos erradicar en un futuro próximo nuevos establecimientos educativos construidos sobre “lagos” subterráneos de arsénico en una provincia de la Argentina árida.
En suma, actuamos sin previsión, no advertimos a sabiendas porque los profesionales responsables y los científicos lo han escrito y difundido, no enseñamos lo suficiente sobre el tema. Porque en caso contrario, los problemas estarían en vías de solución o, por lo menos sus consecuencias, no serían tan nefastas.
Convengamos en que hay déficits notables en política y educación ambientales. La política ambiental de la última década ha sido pródiga en la Argentina en promulgación de leyes, redacción y publicación de documentos y convocatoria a reuniones, seminarios y congresos a instituciones y profesionales que han producido toneladas de informes y publicaciones. En definitiva, se ha concretado una gran burocracia ambiental. Todos estos papeles escritos podrían ser devorados por los intermitentes incendios forestales del sur y centro del país. Por lo demás, hay déficit de aviones para apagar esos infiernos y las poblaciones estarían igualmente a merced esos riesgos ambientales.
En relación con los riesgos es notorio que los sistemas de alerta no funcionan. Agradezcamos que nuestro país se halle exento del recorrido de huracanes y ciclones porque si tuviéramos que evacuar grandes ciudades las catástrofes humanas serían noticia de primera plana mundial al estilo de los ciclones asiáticos o las sequías africanas. Ni qué hablar sobre la prevención sísmica.
A pesar de que nuestra baja densidad demográfica disminuye el número de víctimas frente a las catástrofes naturales y tecnológicas, refugiados ambientales siempre hay en la Argentina aunque no se difunda su sufrimiento. Entre ellos puedo mencionar a las poblaciones afectadas por la sequía de 1999 en la región chaqueña que las obligó a concentrarse cerca de las áreas donde el abastecimiento de agua era posible porque su ganado moría y sus suelos se resquebrajaban. Lamentablemente esta dramática situación humana no fue noticia en nuestros medios de difusión tan concentrados en las noticias económicas, políticas o de la farándula mediática.
Esta ardua trama ambiental argentina también tiene consecuencias educativas. Hay un desequilibrio notorio entre la densidad de temas ambientales incluidos en el curriculum vigente y la posibilidad que tienen los docentes de enseñar esos múltiples contenidos. Con muy buen criterio se ha explicado que la educación ambiental requiere un compromiso no sólo curricular sino también institucional y comunitario o social. Pero sin embargo las condiciones en que se desenvuelven las comunidades y las instituciones educativas no promocionan estas acciones. Para enseñar problemas ambientales y alternativas de solución los docentes tienen que tener tiempo institucional para, por ejemplo, aprender las nuevas tecnologías informáticas que los ayudarán a mostrar mapas de riesgo ambiental o para planificar actividades interdisciplinares en combinación con otros docentes representativos de distintas áreas del currículum. Estas condiciones primarias todavía no están dadas y la formación docente estuvo exenta del saber ambiental porque simplemente éste no estaba avanzado cuando estudiaron las actuales camadas que se hallan al frente de clase. Por ello la capacitación docente en educación ambiental es central y surtirá efectos positivos en términos de calidad cuando sea permanente y de gran articulación disciplinar y didáctica.
domingo, 21 de marzo de 2010
Cine en Numen: "Entre los Muros", Por Héctor Correa
Dirigida por Laurent Cantet, con François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja Rachedi, Juliette Demaille, Dalla Doucoure, Arthur Fogel, Damien Gomes.
Palma de Oro en Cannes (2008), cuyo jurado estuvo presidido por el norteamericano Sam Pean.
Este director también filmó: “Hacia el sur”, “El empleo del tiempo” y “Recursos humanos”.
François Bégaudeau, “el maestro” en este film, y autor también de la novela que luego Cantet trans-forma en film, se interna en el mundo de la educación, o más bien, en ese escenario o espacio tan par-ticular donde los adolescentes concurren para obtener algo de educación. “Entre les murs” es el título en francés, y algunos lo han traducido también como “El aula”. Preferimos la otra traducción “Entre los muros”, por dos sencillas razones, una porque las acciones se desenvuelven entre las paredes de un colegio y con una escasa matrícula (escasos o pocos alumnos) como podrán observar, y la otra porque es el espacio donde la intimidad de las pequeñas o grandes tragedias que viven los adolescentes, pro-tagonistas de este film, cobran su verdadera o real dimensión, mal que les pese a algunos adultos, pro-fesores o no, que minimizan las problemáticas juveniles y creen que el aula está aislada o es ajena a las grandes complicaciones o deformaciones de la sociedad, y con esto me refiero a las relaciones tan particulares que establecen con los medios (televisión, cine, radio), y con las nuevas tecnologías (in-ternet, informática, celular, juegos electrónicos, etc.). La estrecha vinculación escuela-familia, es tan vieja y tan obvia, que sería tema de otro gran debate. Aquí se trata de poner las cosas en su lugar. Por lo tanto los muros del aula concentran y sintetizan el universo donde los hombres viven, sufren, se castigan y se matan.
El tema de los diálogos profesor-alumnos acapara una gran parte de la película , no hay duda. Algunos críticos la han analizado como paradigmática en cuanto a ese intercambio, a veces un tanto incoheren-te o esquizoide, entre los profesores y los imberbes interlocutores. Nosotros, desde este blog, vamos a focalizar su tratamiento desde la perspectiva del impacto o la influencia de la culturas postmodernas, mediatizadas, tecnificadas, deshumanizadas, y decadentes también de la Europa de siempre. ¿Con relación a qué? Esa es la pregunta. Y nos contestamos: con relación al hombre, al hombre íntegro, al hombre considerado en relación a su prójimo, al otro, a su igual. Desde este punto de vista el film nos remite a otros films. No es cierto que es un tema trillado, harto abordado en la historia del cine. Es cierto, sí, que se lo ha filmado desde un ángulo emocional, romántico y anodino, como las dos versio-nes de “Adiós, Mr. Chips”, donde se observa el hipócrita sistema educativo inglés entre victoriano e híper-conservador, o desde la heroicidad del profesor “súper” como “La sociedad de los poetas muer-tos”, del australiano Peter Weir. Entre estos dos demagógicos estilos de encarar la cuestión, tenemos “If” del inglés Lindsay Anderson donde confluye y se asimila la disciplina con la violencia, “Semilla de maldad” del norteamericano Richard Brook, su secuela “Al maestro con cariño” de James Clavell, “The Wall” del inglés Alan Parker, “Padre Padrone” de los hermanos (italianos) Taviani, Paolo y Vic-torio, Martin Ritt (estadounidense) con su film “Conrack”, “Shunko” del chileno, que filmó en nuestro país, Lautaro Murúa, creo que también se podría incluir “El señor de las moscas” de la novela de Wi-lliam Golding, “Ser y Tener” del francés Nicolas Philibert, o ésta última por supuesto, motivo de esta nota. Todas -puede ser que existan más-, de alguna manera han desmitificado ya sea el sistema en el que se asienta su visión de esa relación alumno-profesor, no siempre asimétrica o desjerarquizada, o han ensalzado, con un conservadurismo anacrónico, los aparatos educacionales, en su afán de esconder bajo la alfombra uno de los problemas más críticos y acuciantes de nuestra sociedad: qué educación le damos a nuestros hijos. Todo un tema.
Sigamos, la película, decíamos, se asienta en los diálogos, intensos, tensos, nerviosos, hasta violentos, que el profesor sostiene con sus alumnos. Pero qué alumnos. No son chicos de familias humildes de la Francia moderna, ni delincuentes juveniles, como le gusta mostrar al cine norteamericano, ni de fami-lias pudientes, de clase media alta o aristócratas, como le gustó siempre, al cine inglés, usar como ejemplo de decadencia político-social de su sociedad; en realidad son, en su mayoría adolescentes provenientes de países con los cuales Europa mantiene uno de los fenómenos más terribles de su histo-ria: la inmigración de los países africanos y asiáticos. Negros, musulmanes, chinos, vietnamitas, etc., etc., etc. En este contexto, de la multiculturalidad más acendrada, se desarrolla “Entre los muros”. Y en verdad el tema pasa a otro eje de atención mucho más profundo y crítico: lo étnico, su relación con la Europa, y el impacto en su sistema educativo, social, cultural, político y económico ¿De qué manera este fenómeno influyó en “el maestro”, François Bégaudeau, autor del libro? Podemos sospechar que le produjo un cierto problema de conciencia, hasta tal punto, que no creemos que le haya encontrado algún tipo de solución, ya que, y lo podemos observar en las reuniones de profesores del colegio, y en el mismo tribunal de disciplina, la situación se torna como descontrolada y sin un futuro promisorio, al menos para esos alumnos, algunos de ellos indocumentados o ilegales. Por lo tanto es así también para la sociedad francesa, descontrolada y desesperanzadora.
Hemos hablado, en otras oportunidades qué pensamos acerca de la televisión, su calidad, su naturale-za, y su relación con el arte y la educación. Y partimos de una premisa irrefutable, el mayor fracaso de la educación, al menos en nuestro país, se ha dado en las escuelas y en los proyectos para utilizar la T.V. en las aulas. Creo que lo mismo va a suceder con la informática, internet y, por supuesto, el celu-lar. Los medios, salvo honrosas excepciones, o casos aislados, por la deformación que en sus últimos años se ha venido produciendo, producto de la comercialización de sus productos y los intereses de centros de información ubicados en otros países más poderosos, más preocupados por el aspecto eco-nómico-financiero que en la educación de sus propios hijos y nietos, no han constituido una alternativa educativa-cultural de peso a la hora de efectuar la selección concreta y eficaz de los contenidos y las formas para los intereses del niño y el adolescente. Y sin entrar en una visión moralizante, ni de una fácil actitud enjuiciadora, sobre el cine y la TV, ambos nos han dado muestras ejemplificadoras de sus intereses comerciales y afines a la gran industria de las imágenes, no radicadas precisamente en nues-tro país.
Con respecto a la utilización de las nuevas tecnologías en la educación, mucho se ha dicho, mucho se ha tratado de hacer y pocos resultados se han obtenido que no sea una pseudo-legislación sobre el ce-lular y el uso de internet en las aulas, recurso tecnológico que fuera de los muros escolares se torna en juego y auto-erotización irresponsable del adolescente y hasta del niño. Quizá habría que leer mejor y un poco más a Marshall McLuhan. Y a propósito lo cito:
“El choque de los medios antiguos con los nuevos, hoy, es anárquico y nihilista. Por ejemplo, lo que se llama ≪Muerte de Dios≫ es la transición de las imágenes newtonianas a las einsteianas, y el relojero cósmico, para la imaginación popular, se ha convertido en un transistor. The New York Times cita al Dr. H. M. Kormos: ≪Con estos chicos se tiene una sensación de vacío… la sensación auténtica de que la vida tiene poco que ofrecer, y hablan constantemente de la tristeza y la monotonía de la vida cotidiana≫… Del mismo modo que los japoneses insisten en que no es el té sino el rito lo que da significado, el Dr. Kormos indicó que el sistema de la participación colectiva y el compartir la droga es lo que da ≪un sentido de pertenencia e identidad que puede ser más importante para el estudiante que los efectos de la droga≫.”
Esto fue escrito en 1968, en su libro “Guerra y paz en la aldea global”, que muchos conocen.
Al respecto cabe transcribir una nota aparecida en el diario La Nación no hace mucho:
Educar con entusiasmo
Cómo hacer atractiva la exigencia
Enrique Rojas
Para LA NACION
Miércoles 20 de mayo de 2009
MADRID.- Educar es entusiasmar con los valores. Estamos en un momento en el que mucha gente joven está perdida, sin saber a dónde ir.
Estar perdido es no tener rumbo. Ir tirando a ver qué pasa. Veo mucha gente joven así. Y no hablo sólo de nues-tro país. McLuhan habló del planeta global.
¿Por dónde debemos empezar? Los edificios que no se caen son los que tienen unas bases firmes, unas raíces sólidas. Lo primero de todo es la formación. Educar, convertir a alguien en persona. Educar es conseguir seres humanos con dignidad y criterio. Educar es seducir con modelos sanos, atractivos, coherentes y llenos de huma-nidad.
Por ahí debemos comenzar. Ejemplos de vidas llenas de sentido, atractivas, que nos empujen, que arrastren nuestra conducta en esa dirección. Educar es atraer por encantamiento y por ejemplaridad.
El gran educador moderno está enfermo y con mal pronóstico: la televisión.
Y no hay ningún indicador que nos diga que va a cambiar en positivo.
Pero la primera fuente educativa, en la que todo debe arrancar, es la familia. La familia debe ser una escuela en la que uno se sabe querido por lo que es, y no por lo que tiene. Una familia sana es la primera escuela en la que uno recibe lecciones que no se olvidan.
Si la familia funciona, la persona va a tener un edificio construido con materiales resistentes. Allí hay un mundo mágico y decisivo. Porque la primera piedra de la educación es la formación. Adquirir una buena formación, en general, es distinguir lo que es bueno de lo que es malo; tener criterio; saber a qué atenerse; discernimiento: aprender a penetrar en la realidad distinguiendo lo que es mejor y más positivo para escoger ese camino.
La formación hospeda en su interior distintos ingredientes. Hay dos notas principales que no quiero dejarme en el tintero, por eso quiero plasmarlas cuanto antes: la formación humana y la espiritual. La primera aspira a que lleguemos a tener un comportamiento propio de seres humanos y, dentro de ese plano, se abren tres grandes notas: la inteligencia, la afectividad y la voluntad. Para mí ellas constituyen el subsuelo desde dónde debe arrancar la condición humana. Cada una de ellas tiene un largo recorrido.
La inteligencia es la capacidad de síntesis; saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Desde pequeños, hay que enseñar a pensar, a tener espíritu crítico y a formular argumentos que defiendan nuestras ideas y creencias. Hay muchos tipos de inteligencia y, en general, unas y otras no se llevan bien; parece como si poseer unas, ex-cluyera a otras. Inteligencia teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, creativa, inteligencia emo-cional (tan de moda hoy, desde el libro de Goleman), fenicia, instrumental, matemática? e inteligencia para la vida (saber gestionar del mejor modo posible la propia trayectoria). Todas tiene un lugar común, captar la rea-lidad desde diversos ángulos.
La inteligencia se nutre de la lectura. Fomentar este hábito es esencial. Hoy a todos nos cuesta más, pues esta-mos en la era de la imagen. Pero hay que intentarlo. Un par de libros siempre cerca, alternándolos. Y la curiosi-dad como ingrediente esencial. La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio físico es al cuerpo.
La afectividad: ese sentido pura sangre que recorre nuestra persona y que se manifiesta por medio de los sen-timientos, las emociones y las pasiones. Tener una buena formación sentimental significa capacidad para dar y para recibir amor. Uno de los puntos básicos, en este sentido, es aprender a expresar sentimientos: desde dar las gracias, mostrar afecto, saber que la palabra bien empleada es puente de comunicación: te quiero, te nece-sito, perdóname, ayúdame en este asunto, necesito hablar contigo, tengo un problema y necesito que me orien-tes. Todo eso cultiva, hace prosperar el mundo sentimental, y le da fuerza y consistencia.
En tercer lugar, la formación humana tiene un elemento decisivo, clave, de una importancia a la larga de gran alcance: la voluntad.
¿Qué es la voluntad, en qué consiste, qué características tiene? Voluntad es la capacidad para ponernos metas, objetivos y luchar a fondo por ir consiguiéndolos. Con la voluntad no se nace, sino que uno la cultiva, la trata, se empeña por ir incluyéndola en la conducta personal, contra viento y marea.
La voluntad es la determinación, la firmeza, el esfuerzo deportivo por conquistar cimas de cierto nivel que nos ayuden a crecer como personas. Y ésta, a su vez, se compone de una serie de ingredientes que son muy impor-tantes: el orden, la constancia y la motivación.
Yo les llamo a todos esos elementos la inteligencia instrumental, porque son las alas que hacen volar alto a la inteligencia? las joyas de la corona. No hago lo que me apetece ni lo que me pide el cuerpo, sino lo que es mejor para mí, aquello que me hace crecer como persona.
La formación espiritual significa la rebeldía del que no quiere vivir como un animal, sino como una persona. Hoy lo políticamente correcto es no creer en casi nada, todo light , ligero, liviano, sin compromiso con nada? es el posmodernismo: una vida sin valores ni convicciones, suspendida en el relativismo y la permisividad.
La espiritualidad bien entendida nos hace crecer en humanidad y nos lleva a ver al otro en toda su dignidad. Expulsar a Dios de la vida personal, porque está de moda y se lleva y eso es lo que hay, no hace más libre ni a las personas ni a la sociedad. Eso lleva a lo que estamos viendo hoy tan a menudo, un vacío espiritual enorme.
Sólo un profundo sentido espiritual de la vida, moderno, abierto, liberal?, pero firme como la tierra sólida que pisamos, es capaz de cambiar en profundidad el corazón del ser humano. Esta sociedad está muy perdida en lo básico. Hablaría de esto con detalle, pero ahora dejo sólo apuntada esta idea para el que quiera recogerla. Pero lo resumiría de este modo: la persona espiritual lo juzga todo.
No quiero alargarme para no hacer muy extenso este artículo. Cuanto más vale una persona, más valora a los demás. Y al revés. No hay secretos para el éxito, éste se alcanza con preparación progresiva, trabajando con minuciosidad sobre uno mismo, sacando lecciones de los fracasos y procurando tener un modelo de identidad, esos ejemplos de vida lejanos o cercanos, que tiran, arrastran, empujan en esa dirección para conseguir hacer una pequeña obra de arte de la vida personal.
Querer es poder. Voy contra corriente. No me importa, sé que son tiempos difíciles, en los que hay mucha gente desorientada, pero que puede ser reconducida. En el libro de Chesterton El hombre eterno , el autor habla de ir contra la corriente, y dice lo siguiente: cuando uno va navegando por un río de cierto caudal a favor de la co-rriente, ésta lo lleva a uno rápida y fluidamente, pero se corre el riesgo de ir tan bien, que uno se duerme y se puede caer al agua y ahogarse. Por el contrario, cuando uno está acostumbrado a ir contra la corriente, hay que luchar y esforzarse y resistir, y cada pequeña victoria es un triunfo? el agua salpica a la cara y es difícil seguir, pero la pasión por avanzar es mayor, así se fortalece la postura.
Para ir contra la corriente hoy hay que estar bien formado y tener ideas claras, y criterios coherentes y sólidos para no dejarse llevar por una sociedad herida por el consumismo y manipulada por los medios de comunica-ción.
El ser humano es el capital más preciado. La crisis económica es nada comparada con la crisis moral. No saber para dónde tirar ni a qué atenerse es mucho más grave. Una educación permisiva y relativista se sitúa lejos de la voluntad y la buena orientación, y destruye el vigor del alma y del cuerpo.
El autor es un catedrático español en Psiquiatría, autor del libro Quién eres.
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Comparémosla con esta otra, también tomada del mismo diario argentino:
Entrelíneas
Educación: remedio social infalible
Entre los muros, el film de Cantet, demuestra que las contradicciones del presente obligan a reforzar la acción docente
Noticias de Espectáculos
Domingo 19 de abril de 2009
Por Pablo Sirvén
Mucha gente pasa por esta vida y muere sin enterarse del sentido más profundo que tiene la escuela en la for-mación de los seres humanos. Como hay allí en primer plano una cantidad de materias para aprender dispues-tas como en una suerte de competencia deportiva, por momentos feroz, que califica a los más aptos y hace sufrir o expulsa a los que menos asimilan, se tiende a pensar que lo primordial del colegio es inculcar nociones concretas sobre matemática, lengua, geografía, historia, física, rudimentos de algún idioma, etcétera, y que enseña lo básico -aprender a leer, escribir y contar-, aderezado por una pátina ligera de conocimientos genera-les, base de la ilustración de cada individuo, a través de cuyo árido recorrido suelen despabilarse genuinas voca-ciones.
Con todo lo importante que resulta lo mencionado es todavía mucho más crucial lo que subyace debajo de ese andamiaje rígido de aprendizajes y evaluaciones. Allí se nos enseña por sobre todo, o debería enseñarse, a con-vivir en la diversidad, a tolerar y comprender las diferencias de y con los otros, a ser solidarios, a disciplinar el cuerpo y el ánimo en exigencias que serán esenciales para desempeñarse más tarde en el mercado laboral (res-peto por los horarios, entender los mecanismos de la autoridad y hasta aguantar a las jefaturas caprichosas, cumplir con las tareas encomendadas y presentarse con vestimenta y aseo adecuados), a trabajar en equipo, a consensuar posturas, a entender que nosotros debemos adaptarnos al mundo (y no el mundo a nosotros), a respetar las reglas instituidas y a cultivarnos con espíritu autocrítico. En una palabra, se aprende en la escuela a ser ciudadano o se pierde la oportunidad para siempre de serlo, convirtiéndose en un paria social, sin distinción de clases, porque si no se cultivan las sensibilidades en la niñez y en la adolescencia, tanto embrutece humana-mente la pobreza extrema como la riqueza absoluta.
* * *
Se estrenó el jueves Entre los muros , la película de Laurent Cantet ( El empleo del tiempo , Recursos humanos ) que muestra en carne viva, sin efectismos ni planteos aleccionadores, lo difícil que es llevar adelante todo lo dicho anteriormente hoy en día. Pero, he ahí, en todo caso, una de las enseñanzas implícitas más valiosas del film ganador, en muy buena ley, de la Palma de Oro en el último festival de Cannes: la vida es el arte de lo posi-ble y para transitarla con algún éxito hay que desengancharse de ciertos preconceptos rígidos e idealizados que todos tenemos, y en los que pretendemos encajar la realidad, y procurar, en cambio, abrirnos, intentar entender a los demás, saberlos escuchar y hasta, incluso, aprender de ellos, desviando la enorme energía que derrocha-mos en irritarnos, y en irritar a los otros, hacia la búsqueda de algunos indispensables consensos que demanda la convivencia en sociedad.
François Bégaudeu es docente y escribió el libro que inspiró la película de Cantet, en algunas de cuyas experien-cias se basa, pero lo más interesante es que aceptó el desafío de protagonizarla haciendo casi de él mismo, un profesor amplio y audaz que se carga sobre sus espaldas un bravo alumnado multiétnico en un colegio de un barrio marginal de París. Lo más rico es la frescura con que se desarrollan las tensiones y contradicciones psico-lógicas, culturales y educativas que acechan y se entrecruzan entre los jóvenes entre sí, con el maestro y vice-versa y, a su vez, las repercusiones que provoca en el tribunal de disciplina de la escuela, integrado por el cuerpo de docentes y los directivos, que fluctúan entre las rigideces de sus propias normas e hipócritas poses de su-puesto liberalismo.
* * *
Mientras aquí el discurso político se resiente día tras día (ocultamiento de índices económicos y, ahora también, de salud; interpretación aviesa de leyes y textos constitucionales en provecho propio; agresividad en palabras o hechos hacia quienes piensan distinto, clientelismo desembozado) y la institución escolar colapsa (conflictos gremiales, distritos sin clase, escuelas en pésimas condiciones, empeoramiento de la calidad de la enseñanza), la falta de horizontes, la expansión de la miseria, la circulación creciente de la droga y el endiosamiento cons-tante de la violencia en el cine, la TV y los videojuegos provocan un cóctel explosivo.
No es casual que en este contexto tan inquietante se multipliquen episodios como el de la feroz pelea, con ladri-llazos, balas y puntazos, desatada entre dos pandillas de adolescentes dentro de una escuela santiagueña el jueves último, y que en ese caldo de cultivo, lamentablemente, fermente la inseguridad que tanto nos preocupa a todos.
"Nos interesa que los medios ayuden a que la educación, los chicos y los adolescentes se instalen en la agenda pública de la sociedad", exhorta Roxana Morduchowicz, directora del Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación.
La licenciada Mirta Romay, creadora de la señal educativa Formar y que desarrolla desde hace años contenidos multimedia volcados hacia la educación, se concentra ahora en Tucumán: "Estamos capacitando a una gran masa de agentes sociosanitarios, madres cuidadoras, referentes sociales que trabajan con la infancia, volunta-rios en su mayoría sin formación, que hay que profesionalizar, ofreciéndoles recursos culturales".(el subrayado es nuestro)
Allí, la pantalla de Canal 10 posibilitará la ampliación del plan que, ojalá, trascienda la elección del 28 de junio. Se dijo ya muchas veces, y hay que repetirlo una y otra vez: sin educación no hay futuro. Pero hay algo peor: sin educación tampoco hay presente.
psirven@lanacion.com.ar
El análisis del film es correcto, nos parece. Pero quedémonos con lo subrayado por nosotros, ya que se relaciona estrechamente con los objetivos finales y la labor del estado y la TV en la educación de nuestros chicos, niños y adolescentes. Me atrevo a una sola afirmación como conclusión final: el ma-yor fracaso de la TV en nuestro país fue con respecto a su misión en la labor educativa. Me remito a las palabras o a lo escrito por el psiquiatra Enrique Rojas, el gran educador no fue tal. Y si no quedé-monos con lo que le dejan hacer a Tinelli.
Nos fuimos un poco del cine y de la película que estamos comentando. Creo que vale la pena incur-sionar, de vez en cuando, sobre temas que, en última instancia, constituyen los fundamentos de las cuestiones que estamos tratando y abordamos permanentemente en este blog dedicado al análisis y el pensamiento cinematográfico. El cine que pretendemos destacar se asienta, no sólo en lo formal, esto es la estética del encuadre, la planificación, cómo se arma la escena, cómo se enlazan y se en-tretejen (montaje) para determinar la secuencia, y cómo el desarrollo armónico y rítmico de éstas van configurando, desplegando la historia que el realizador tiene en mente o en un guión, con sus leyes y pautas que también deben ser valorizadas para ver si es coherente con las intenciones semánticas y conceptuales del autor. También nos interesa -y mucho más, a veces-, todo ese caudal de ideas y concepciones que se esconden o se muestran explícitamente, denotan o connotan, en la narración, que forman parte, sin duda, de lo que piensa el director sobre el hombre y el mundo en el que vive, condicionan la naturaleza del film, constituyéndose, junto con lo formal, en la esencia de la obra.
Es notorio que al director de “Entre los muros” le interesan estos asuntos, el adolescente frente a los medios, al avance de la tecnología, y las intenciones, claras o inciertas, de aprovecharlas para su me-jor educación o formación. Pero le interesa aún más, aquel adolescente que sufre la inserción en la sociedad francesa, una sociedad no muy sana, incoherente y nihilista frente a sus propias ventajas, pero más frente a los inmigrantes, o sea, a aquellos que por una razón u otra, producto del avance de la Europa sobre los continentes empobrecidos, colonizados y despojados, ven en ese país (Francia) como único espacio para sentirse humano. Quizá se olviden que ese país los condenó, los abandonó y los mutiló en su esencia y sentido de vivir. Toda una paradoja. Y es el sentido último de este film, sin duda.
Palma de Oro en Cannes (2008), cuyo jurado estuvo presidido por el norteamericano Sam Pean.
Este director también filmó: “Hacia el sur”, “El empleo del tiempo” y “Recursos humanos”.
François Bégaudeau, “el maestro” en este film, y autor también de la novela que luego Cantet trans-forma en film, se interna en el mundo de la educación, o más bien, en ese escenario o espacio tan par-ticular donde los adolescentes concurren para obtener algo de educación. “Entre les murs” es el título en francés, y algunos lo han traducido también como “El aula”. Preferimos la otra traducción “Entre los muros”, por dos sencillas razones, una porque las acciones se desenvuelven entre las paredes de un colegio y con una escasa matrícula (escasos o pocos alumnos) como podrán observar, y la otra porque es el espacio donde la intimidad de las pequeñas o grandes tragedias que viven los adolescentes, pro-tagonistas de este film, cobran su verdadera o real dimensión, mal que les pese a algunos adultos, pro-fesores o no, que minimizan las problemáticas juveniles y creen que el aula está aislada o es ajena a las grandes complicaciones o deformaciones de la sociedad, y con esto me refiero a las relaciones tan particulares que establecen con los medios (televisión, cine, radio), y con las nuevas tecnologías (in-ternet, informática, celular, juegos electrónicos, etc.). La estrecha vinculación escuela-familia, es tan vieja y tan obvia, que sería tema de otro gran debate. Aquí se trata de poner las cosas en su lugar. Por lo tanto los muros del aula concentran y sintetizan el universo donde los hombres viven, sufren, se castigan y se matan.
El tema de los diálogos profesor-alumnos acapara una gran parte de la película , no hay duda. Algunos críticos la han analizado como paradigmática en cuanto a ese intercambio, a veces un tanto incoheren-te o esquizoide, entre los profesores y los imberbes interlocutores. Nosotros, desde este blog, vamos a focalizar su tratamiento desde la perspectiva del impacto o la influencia de la culturas postmodernas, mediatizadas, tecnificadas, deshumanizadas, y decadentes también de la Europa de siempre. ¿Con relación a qué? Esa es la pregunta. Y nos contestamos: con relación al hombre, al hombre íntegro, al hombre considerado en relación a su prójimo, al otro, a su igual. Desde este punto de vista el film nos remite a otros films. No es cierto que es un tema trillado, harto abordado en la historia del cine. Es cierto, sí, que se lo ha filmado desde un ángulo emocional, romántico y anodino, como las dos versio-nes de “Adiós, Mr. Chips”, donde se observa el hipócrita sistema educativo inglés entre victoriano e híper-conservador, o desde la heroicidad del profesor “súper” como “La sociedad de los poetas muer-tos”, del australiano Peter Weir. Entre estos dos demagógicos estilos de encarar la cuestión, tenemos “If” del inglés Lindsay Anderson donde confluye y se asimila la disciplina con la violencia, “Semilla de maldad” del norteamericano Richard Brook, su secuela “Al maestro con cariño” de James Clavell, “The Wall” del inglés Alan Parker, “Padre Padrone” de los hermanos (italianos) Taviani, Paolo y Vic-torio, Martin Ritt (estadounidense) con su film “Conrack”, “Shunko” del chileno, que filmó en nuestro país, Lautaro Murúa, creo que también se podría incluir “El señor de las moscas” de la novela de Wi-lliam Golding, “Ser y Tener” del francés Nicolas Philibert, o ésta última por supuesto, motivo de esta nota. Todas -puede ser que existan más-, de alguna manera han desmitificado ya sea el sistema en el que se asienta su visión de esa relación alumno-profesor, no siempre asimétrica o desjerarquizada, o han ensalzado, con un conservadurismo anacrónico, los aparatos educacionales, en su afán de esconder bajo la alfombra uno de los problemas más críticos y acuciantes de nuestra sociedad: qué educación le damos a nuestros hijos. Todo un tema.
Sigamos, la película, decíamos, se asienta en los diálogos, intensos, tensos, nerviosos, hasta violentos, que el profesor sostiene con sus alumnos. Pero qué alumnos. No son chicos de familias humildes de la Francia moderna, ni delincuentes juveniles, como le gusta mostrar al cine norteamericano, ni de fami-lias pudientes, de clase media alta o aristócratas, como le gustó siempre, al cine inglés, usar como ejemplo de decadencia político-social de su sociedad; en realidad son, en su mayoría adolescentes provenientes de países con los cuales Europa mantiene uno de los fenómenos más terribles de su histo-ria: la inmigración de los países africanos y asiáticos. Negros, musulmanes, chinos, vietnamitas, etc., etc., etc. En este contexto, de la multiculturalidad más acendrada, se desarrolla “Entre los muros”. Y en verdad el tema pasa a otro eje de atención mucho más profundo y crítico: lo étnico, su relación con la Europa, y el impacto en su sistema educativo, social, cultural, político y económico ¿De qué manera este fenómeno influyó en “el maestro”, François Bégaudeau, autor del libro? Podemos sospechar que le produjo un cierto problema de conciencia, hasta tal punto, que no creemos que le haya encontrado algún tipo de solución, ya que, y lo podemos observar en las reuniones de profesores del colegio, y en el mismo tribunal de disciplina, la situación se torna como descontrolada y sin un futuro promisorio, al menos para esos alumnos, algunos de ellos indocumentados o ilegales. Por lo tanto es así también para la sociedad francesa, descontrolada y desesperanzadora.
Hemos hablado, en otras oportunidades qué pensamos acerca de la televisión, su calidad, su naturale-za, y su relación con el arte y la educación. Y partimos de una premisa irrefutable, el mayor fracaso de la educación, al menos en nuestro país, se ha dado en las escuelas y en los proyectos para utilizar la T.V. en las aulas. Creo que lo mismo va a suceder con la informática, internet y, por supuesto, el celu-lar. Los medios, salvo honrosas excepciones, o casos aislados, por la deformación que en sus últimos años se ha venido produciendo, producto de la comercialización de sus productos y los intereses de centros de información ubicados en otros países más poderosos, más preocupados por el aspecto eco-nómico-financiero que en la educación de sus propios hijos y nietos, no han constituido una alternativa educativa-cultural de peso a la hora de efectuar la selección concreta y eficaz de los contenidos y las formas para los intereses del niño y el adolescente. Y sin entrar en una visión moralizante, ni de una fácil actitud enjuiciadora, sobre el cine y la TV, ambos nos han dado muestras ejemplificadoras de sus intereses comerciales y afines a la gran industria de las imágenes, no radicadas precisamente en nues-tro país.
Con respecto a la utilización de las nuevas tecnologías en la educación, mucho se ha dicho, mucho se ha tratado de hacer y pocos resultados se han obtenido que no sea una pseudo-legislación sobre el ce-lular y el uso de internet en las aulas, recurso tecnológico que fuera de los muros escolares se torna en juego y auto-erotización irresponsable del adolescente y hasta del niño. Quizá habría que leer mejor y un poco más a Marshall McLuhan. Y a propósito lo cito:
“El choque de los medios antiguos con los nuevos, hoy, es anárquico y nihilista. Por ejemplo, lo que se llama ≪Muerte de Dios≫ es la transición de las imágenes newtonianas a las einsteianas, y el relojero cósmico, para la imaginación popular, se ha convertido en un transistor. The New York Times cita al Dr. H. M. Kormos: ≪Con estos chicos se tiene una sensación de vacío… la sensación auténtica de que la vida tiene poco que ofrecer, y hablan constantemente de la tristeza y la monotonía de la vida cotidiana≫… Del mismo modo que los japoneses insisten en que no es el té sino el rito lo que da significado, el Dr. Kormos indicó que el sistema de la participación colectiva y el compartir la droga es lo que da ≪un sentido de pertenencia e identidad que puede ser más importante para el estudiante que los efectos de la droga≫.”
Esto fue escrito en 1968, en su libro “Guerra y paz en la aldea global”, que muchos conocen.
Al respecto cabe transcribir una nota aparecida en el diario La Nación no hace mucho:
Educar con entusiasmo
Cómo hacer atractiva la exigencia
Enrique Rojas
Para LA NACION
Miércoles 20 de mayo de 2009
MADRID.- Educar es entusiasmar con los valores. Estamos en un momento en el que mucha gente joven está perdida, sin saber a dónde ir.
Estar perdido es no tener rumbo. Ir tirando a ver qué pasa. Veo mucha gente joven así. Y no hablo sólo de nues-tro país. McLuhan habló del planeta global.
¿Por dónde debemos empezar? Los edificios que no se caen son los que tienen unas bases firmes, unas raíces sólidas. Lo primero de todo es la formación. Educar, convertir a alguien en persona. Educar es conseguir seres humanos con dignidad y criterio. Educar es seducir con modelos sanos, atractivos, coherentes y llenos de huma-nidad.
Por ahí debemos comenzar. Ejemplos de vidas llenas de sentido, atractivas, que nos empujen, que arrastren nuestra conducta en esa dirección. Educar es atraer por encantamiento y por ejemplaridad.
El gran educador moderno está enfermo y con mal pronóstico: la televisión.
Y no hay ningún indicador que nos diga que va a cambiar en positivo.
Pero la primera fuente educativa, en la que todo debe arrancar, es la familia. La familia debe ser una escuela en la que uno se sabe querido por lo que es, y no por lo que tiene. Una familia sana es la primera escuela en la que uno recibe lecciones que no se olvidan.
Si la familia funciona, la persona va a tener un edificio construido con materiales resistentes. Allí hay un mundo mágico y decisivo. Porque la primera piedra de la educación es la formación. Adquirir una buena formación, en general, es distinguir lo que es bueno de lo que es malo; tener criterio; saber a qué atenerse; discernimiento: aprender a penetrar en la realidad distinguiendo lo que es mejor y más positivo para escoger ese camino.
La formación hospeda en su interior distintos ingredientes. Hay dos notas principales que no quiero dejarme en el tintero, por eso quiero plasmarlas cuanto antes: la formación humana y la espiritual. La primera aspira a que lleguemos a tener un comportamiento propio de seres humanos y, dentro de ese plano, se abren tres grandes notas: la inteligencia, la afectividad y la voluntad. Para mí ellas constituyen el subsuelo desde dónde debe arrancar la condición humana. Cada una de ellas tiene un largo recorrido.
La inteligencia es la capacidad de síntesis; saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Desde pequeños, hay que enseñar a pensar, a tener espíritu crítico y a formular argumentos que defiendan nuestras ideas y creencias. Hay muchos tipos de inteligencia y, en general, unas y otras no se llevan bien; parece como si poseer unas, ex-cluyera a otras. Inteligencia teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, creativa, inteligencia emo-cional (tan de moda hoy, desde el libro de Goleman), fenicia, instrumental, matemática? e inteligencia para la vida (saber gestionar del mejor modo posible la propia trayectoria). Todas tiene un lugar común, captar la rea-lidad desde diversos ángulos.
La inteligencia se nutre de la lectura. Fomentar este hábito es esencial. Hoy a todos nos cuesta más, pues esta-mos en la era de la imagen. Pero hay que intentarlo. Un par de libros siempre cerca, alternándolos. Y la curiosi-dad como ingrediente esencial. La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio físico es al cuerpo.
La afectividad: ese sentido pura sangre que recorre nuestra persona y que se manifiesta por medio de los sen-timientos, las emociones y las pasiones. Tener una buena formación sentimental significa capacidad para dar y para recibir amor. Uno de los puntos básicos, en este sentido, es aprender a expresar sentimientos: desde dar las gracias, mostrar afecto, saber que la palabra bien empleada es puente de comunicación: te quiero, te nece-sito, perdóname, ayúdame en este asunto, necesito hablar contigo, tengo un problema y necesito que me orien-tes. Todo eso cultiva, hace prosperar el mundo sentimental, y le da fuerza y consistencia.
En tercer lugar, la formación humana tiene un elemento decisivo, clave, de una importancia a la larga de gran alcance: la voluntad.
¿Qué es la voluntad, en qué consiste, qué características tiene? Voluntad es la capacidad para ponernos metas, objetivos y luchar a fondo por ir consiguiéndolos. Con la voluntad no se nace, sino que uno la cultiva, la trata, se empeña por ir incluyéndola en la conducta personal, contra viento y marea.
La voluntad es la determinación, la firmeza, el esfuerzo deportivo por conquistar cimas de cierto nivel que nos ayuden a crecer como personas. Y ésta, a su vez, se compone de una serie de ingredientes que son muy impor-tantes: el orden, la constancia y la motivación.
Yo les llamo a todos esos elementos la inteligencia instrumental, porque son las alas que hacen volar alto a la inteligencia? las joyas de la corona. No hago lo que me apetece ni lo que me pide el cuerpo, sino lo que es mejor para mí, aquello que me hace crecer como persona.
La formación espiritual significa la rebeldía del que no quiere vivir como un animal, sino como una persona. Hoy lo políticamente correcto es no creer en casi nada, todo light , ligero, liviano, sin compromiso con nada? es el posmodernismo: una vida sin valores ni convicciones, suspendida en el relativismo y la permisividad.
La espiritualidad bien entendida nos hace crecer en humanidad y nos lleva a ver al otro en toda su dignidad. Expulsar a Dios de la vida personal, porque está de moda y se lleva y eso es lo que hay, no hace más libre ni a las personas ni a la sociedad. Eso lleva a lo que estamos viendo hoy tan a menudo, un vacío espiritual enorme.
Sólo un profundo sentido espiritual de la vida, moderno, abierto, liberal?, pero firme como la tierra sólida que pisamos, es capaz de cambiar en profundidad el corazón del ser humano. Esta sociedad está muy perdida en lo básico. Hablaría de esto con detalle, pero ahora dejo sólo apuntada esta idea para el que quiera recogerla. Pero lo resumiría de este modo: la persona espiritual lo juzga todo.
No quiero alargarme para no hacer muy extenso este artículo. Cuanto más vale una persona, más valora a los demás. Y al revés. No hay secretos para el éxito, éste se alcanza con preparación progresiva, trabajando con minuciosidad sobre uno mismo, sacando lecciones de los fracasos y procurando tener un modelo de identidad, esos ejemplos de vida lejanos o cercanos, que tiran, arrastran, empujan en esa dirección para conseguir hacer una pequeña obra de arte de la vida personal.
Querer es poder. Voy contra corriente. No me importa, sé que son tiempos difíciles, en los que hay mucha gente desorientada, pero que puede ser reconducida. En el libro de Chesterton El hombre eterno , el autor habla de ir contra la corriente, y dice lo siguiente: cuando uno va navegando por un río de cierto caudal a favor de la co-rriente, ésta lo lleva a uno rápida y fluidamente, pero se corre el riesgo de ir tan bien, que uno se duerme y se puede caer al agua y ahogarse. Por el contrario, cuando uno está acostumbrado a ir contra la corriente, hay que luchar y esforzarse y resistir, y cada pequeña victoria es un triunfo? el agua salpica a la cara y es difícil seguir, pero la pasión por avanzar es mayor, así se fortalece la postura.
Para ir contra la corriente hoy hay que estar bien formado y tener ideas claras, y criterios coherentes y sólidos para no dejarse llevar por una sociedad herida por el consumismo y manipulada por los medios de comunica-ción.
El ser humano es el capital más preciado. La crisis económica es nada comparada con la crisis moral. No saber para dónde tirar ni a qué atenerse es mucho más grave. Una educación permisiva y relativista se sitúa lejos de la voluntad y la buena orientación, y destruye el vigor del alma y del cuerpo.
El autor es un catedrático español en Psiquiatría, autor del libro Quién eres.
Copyright 2009 SA LA NACION | Todos los derechos reservados.
Comparémosla con esta otra, también tomada del mismo diario argentino:
Entrelíneas
Educación: remedio social infalible
Entre los muros, el film de Cantet, demuestra que las contradicciones del presente obligan a reforzar la acción docente
Noticias de Espectáculos
Domingo 19 de abril de 2009
Por Pablo Sirvén
Mucha gente pasa por esta vida y muere sin enterarse del sentido más profundo que tiene la escuela en la for-mación de los seres humanos. Como hay allí en primer plano una cantidad de materias para aprender dispues-tas como en una suerte de competencia deportiva, por momentos feroz, que califica a los más aptos y hace sufrir o expulsa a los que menos asimilan, se tiende a pensar que lo primordial del colegio es inculcar nociones concretas sobre matemática, lengua, geografía, historia, física, rudimentos de algún idioma, etcétera, y que enseña lo básico -aprender a leer, escribir y contar-, aderezado por una pátina ligera de conocimientos genera-les, base de la ilustración de cada individuo, a través de cuyo árido recorrido suelen despabilarse genuinas voca-ciones.
Con todo lo importante que resulta lo mencionado es todavía mucho más crucial lo que subyace debajo de ese andamiaje rígido de aprendizajes y evaluaciones. Allí se nos enseña por sobre todo, o debería enseñarse, a con-vivir en la diversidad, a tolerar y comprender las diferencias de y con los otros, a ser solidarios, a disciplinar el cuerpo y el ánimo en exigencias que serán esenciales para desempeñarse más tarde en el mercado laboral (res-peto por los horarios, entender los mecanismos de la autoridad y hasta aguantar a las jefaturas caprichosas, cumplir con las tareas encomendadas y presentarse con vestimenta y aseo adecuados), a trabajar en equipo, a consensuar posturas, a entender que nosotros debemos adaptarnos al mundo (y no el mundo a nosotros), a respetar las reglas instituidas y a cultivarnos con espíritu autocrítico. En una palabra, se aprende en la escuela a ser ciudadano o se pierde la oportunidad para siempre de serlo, convirtiéndose en un paria social, sin distinción de clases, porque si no se cultivan las sensibilidades en la niñez y en la adolescencia, tanto embrutece humana-mente la pobreza extrema como la riqueza absoluta.
* * *
Se estrenó el jueves Entre los muros , la película de Laurent Cantet ( El empleo del tiempo , Recursos humanos ) que muestra en carne viva, sin efectismos ni planteos aleccionadores, lo difícil que es llevar adelante todo lo dicho anteriormente hoy en día. Pero, he ahí, en todo caso, una de las enseñanzas implícitas más valiosas del film ganador, en muy buena ley, de la Palma de Oro en el último festival de Cannes: la vida es el arte de lo posi-ble y para transitarla con algún éxito hay que desengancharse de ciertos preconceptos rígidos e idealizados que todos tenemos, y en los que pretendemos encajar la realidad, y procurar, en cambio, abrirnos, intentar entender a los demás, saberlos escuchar y hasta, incluso, aprender de ellos, desviando la enorme energía que derrocha-mos en irritarnos, y en irritar a los otros, hacia la búsqueda de algunos indispensables consensos que demanda la convivencia en sociedad.
François Bégaudeu es docente y escribió el libro que inspiró la película de Cantet, en algunas de cuyas experien-cias se basa, pero lo más interesante es que aceptó el desafío de protagonizarla haciendo casi de él mismo, un profesor amplio y audaz que se carga sobre sus espaldas un bravo alumnado multiétnico en un colegio de un barrio marginal de París. Lo más rico es la frescura con que se desarrollan las tensiones y contradicciones psico-lógicas, culturales y educativas que acechan y se entrecruzan entre los jóvenes entre sí, con el maestro y vice-versa y, a su vez, las repercusiones que provoca en el tribunal de disciplina de la escuela, integrado por el cuerpo de docentes y los directivos, que fluctúan entre las rigideces de sus propias normas e hipócritas poses de su-puesto liberalismo.
* * *
Mientras aquí el discurso político se resiente día tras día (ocultamiento de índices económicos y, ahora también, de salud; interpretación aviesa de leyes y textos constitucionales en provecho propio; agresividad en palabras o hechos hacia quienes piensan distinto, clientelismo desembozado) y la institución escolar colapsa (conflictos gremiales, distritos sin clase, escuelas en pésimas condiciones, empeoramiento de la calidad de la enseñanza), la falta de horizontes, la expansión de la miseria, la circulación creciente de la droga y el endiosamiento cons-tante de la violencia en el cine, la TV y los videojuegos provocan un cóctel explosivo.
No es casual que en este contexto tan inquietante se multipliquen episodios como el de la feroz pelea, con ladri-llazos, balas y puntazos, desatada entre dos pandillas de adolescentes dentro de una escuela santiagueña el jueves último, y que en ese caldo de cultivo, lamentablemente, fermente la inseguridad que tanto nos preocupa a todos.
"Nos interesa que los medios ayuden a que la educación, los chicos y los adolescentes se instalen en la agenda pública de la sociedad", exhorta Roxana Morduchowicz, directora del Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación.
La licenciada Mirta Romay, creadora de la señal educativa Formar y que desarrolla desde hace años contenidos multimedia volcados hacia la educación, se concentra ahora en Tucumán: "Estamos capacitando a una gran masa de agentes sociosanitarios, madres cuidadoras, referentes sociales que trabajan con la infancia, volunta-rios en su mayoría sin formación, que hay que profesionalizar, ofreciéndoles recursos culturales".(el subrayado es nuestro)
Allí, la pantalla de Canal 10 posibilitará la ampliación del plan que, ojalá, trascienda la elección del 28 de junio. Se dijo ya muchas veces, y hay que repetirlo una y otra vez: sin educación no hay futuro. Pero hay algo peor: sin educación tampoco hay presente.
psirven@lanacion.com.ar
El análisis del film es correcto, nos parece. Pero quedémonos con lo subrayado por nosotros, ya que se relaciona estrechamente con los objetivos finales y la labor del estado y la TV en la educación de nuestros chicos, niños y adolescentes. Me atrevo a una sola afirmación como conclusión final: el ma-yor fracaso de la TV en nuestro país fue con respecto a su misión en la labor educativa. Me remito a las palabras o a lo escrito por el psiquiatra Enrique Rojas, el gran educador no fue tal. Y si no quedé-monos con lo que le dejan hacer a Tinelli.
Nos fuimos un poco del cine y de la película que estamos comentando. Creo que vale la pena incur-sionar, de vez en cuando, sobre temas que, en última instancia, constituyen los fundamentos de las cuestiones que estamos tratando y abordamos permanentemente en este blog dedicado al análisis y el pensamiento cinematográfico. El cine que pretendemos destacar se asienta, no sólo en lo formal, esto es la estética del encuadre, la planificación, cómo se arma la escena, cómo se enlazan y se en-tretejen (montaje) para determinar la secuencia, y cómo el desarrollo armónico y rítmico de éstas van configurando, desplegando la historia que el realizador tiene en mente o en un guión, con sus leyes y pautas que también deben ser valorizadas para ver si es coherente con las intenciones semánticas y conceptuales del autor. También nos interesa -y mucho más, a veces-, todo ese caudal de ideas y concepciones que se esconden o se muestran explícitamente, denotan o connotan, en la narración, que forman parte, sin duda, de lo que piensa el director sobre el hombre y el mundo en el que vive, condicionan la naturaleza del film, constituyéndose, junto con lo formal, en la esencia de la obra.
Es notorio que al director de “Entre los muros” le interesan estos asuntos, el adolescente frente a los medios, al avance de la tecnología, y las intenciones, claras o inciertas, de aprovecharlas para su me-jor educación o formación. Pero le interesa aún más, aquel adolescente que sufre la inserción en la sociedad francesa, una sociedad no muy sana, incoherente y nihilista frente a sus propias ventajas, pero más frente a los inmigrantes, o sea, a aquellos que por una razón u otra, producto del avance de la Europa sobre los continentes empobrecidos, colonizados y despojados, ven en ese país (Francia) como único espacio para sentirse humano. Quizá se olviden que ese país los condenó, los abandonó y los mutiló en su esencia y sentido de vivir. Toda una paradoja. Y es el sentido último de este film, sin duda.
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Cine: Entre los muros,
por héctor Correa.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Psicología en Numen: Trastorno de pánico (F41.0) por: Eduardo Ogian
Que es la crisis de angustia o ataque de pánico?
El ataque de pánico o crisis de angustia, es un síndrome que se caracteriza por la aparición espontánea de una gran carga de angustia y ansiedad, haciendo que la persona que padece dicho síndrome, sienta que se desborda. Generalmente suele suceder por acumulación de acontecimientos y/o malestar, teniendo el punto desencadenante en un hecho particular. Es decir, que existe un estímulo que genera la manifestación, pero que conlleva una historia de acumulación de angustia.
Los episodios de pánico suelen durar desde pocos minutos hasta 30 minutos. Aparecen en forma imprevista y espontánea y sin que medien algunas veces estímulos específicos como productores. Cuando dicho trastorno se comienza a cronificar, empiezan a aparecer ciertos síntomas de ansiedad que son anticipatorios y que de alguna manera, pueden llegar a ser estímulos iniciadores de dichas crisis. A esto se lo denomina ansiedad anticipatoria.
Estas crisis pueden asentarse en tres factores:
• el primer factor es la ansiedad que se genera a nivel cognitivo, es decir que el paciente experimenta pensamientos automáticos ya sean en el orden de pensamientos negativos, pensamientos catastróficos, pensamientos polarizados, pensamientos autocentrados o predicciones auto cumplidas.
• En el área corporal se manifiesta en tensiones en el cuerpo, que son interpretadas por el paciente de manera invasiva.
• En el área comportamental se manifiesta en actividades sobrecargadas que el paciente suele establecer en tiempos cortos (con una relación tiempo-ocupación de demasiada actividad) y esto genera un gran monto de ansiedad que predispone a la crisis.
De alguna manera estas tres áreas se retroalimentan y cuando la ansiedad comienza, suele invadir el resto de las áreas. Por ejemplo, un pensamiento automático puede desencadenar una gran tensión corporal generando una gran actividad a nivel comportamental, predisponiendo altamente a la crisis. O una excesiva sobrecarga de actividades, puede como resultado producir tensión y de allí genera una distorsión cognitiva; o la aparición de un pensamiento automático, desencadena ansiedad en el resto del sistema. Un aspecto importante del diagnóstico es detectar donde comienzan estos ciclos en cada paciente, es decir, en cuál de estos factores se generan.
Diagnóstico diferencial
Es importante tener muy presente el diagnóstico diferencial, excluyendo patologías que tengan origen en lo orgánico. Dichas patologías podrían ser: prolapso de la válvula mitral, compromiso endocrinológico (ej: hipertiroidismo), trastornos neurológicos y afecciones pancreáticas.
Síntomas
En el D. S. M. IV se establecen al menos cuatro de los siguientes síntomas para considerar que el cuadro cumple con los criterios de AP. Estos son:
• falta de aliento o sensaciones de ahogo
• mareo, sensaciones de inestabilidad, sensaciones de pérdida de conciencia
• palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado
• temblores
• sudoración
• sofocación
• náuseas o molestias abdominales
• despersonalización o desrealización
• adormecimiento o sensaciones de cosquilleo en diversas partes del cuerpo
• escalofríos
• dolor o molestias precordiales
• miedo a morir
• miedo a volverse loco o a perder el control.
Por qué aparece o se padece el ataque de pánico?
En la historia de estos pacientes muchas veces encontramos algunos hechos traumáticos en el inicio de la adolescencia o la infancia. Así también encontramos situaciones de estrés muy importantes en principios de la vida adulta. Alguno de estos hechos de estrés grave pueden ser la pérdida de un ser querido, situaciones de violencia dentro del vínculo familiar, abusos sexuales, o haber estado sometidos a situaciones de catástrofes o incidentes críticos.
En otros casos puede estar participando internamente una gran autoexigencia, rigidez en esquemas interpersonales y de resolución de problemas, narcisismo exacerbado, egocentrismo, omnipotencia, dificultades en habilidades sociales ó depresión.
Algo sobre el Tratamiento del ataque de pánico
El tratamiento para las crisis de pánico se puede hacer con la combinación de tratamiento psicofarmacológico y psicoterapia. Si el paciente se permite el no ser abordado con psicofármacos, hasta el manejo de sus ansiedades y el insight , esto le brinda más seguridad. Lo logrado en psicoterapia con solo sus recursos suele aumentar su autoestima con resultados sólidos, aunque es más lento el proceso de compensación. Si el tratamiento se hace combinado, luego de la compensación psicofarmacológica y el proceso de descubrimiento de los aspectos subyacentes al problema en psicoterapia, se debe trabajar la disminución sistemática de la medicación y el miedo a la desestabilización si no toma la misma, ya que el paciente representa su compensación en el fármaco. La eficacia de la compensación es más rápida aunque se tiene que tener en cuenta este aspecto también.
Referencia bibliográfica
APA, DSMIV, Masson SA, Barcelona, 1995
Beck,A, Cognitive therapy and the emotional disorders, International Universities press, Nueva York, 1976
Beck, Aarón, et al, Anxiety disorders and phobias, Basicbooks, USA, 1985.
Botella, Cristina y Ballester Rafael, Trastorno de pánico: evaluación y tratamiento, Martinez Roca, Barcelona, 1997
Cia, Alfredo, trastornos por ansiedad,Estudio Sigma, Buenos Aires,1994.
Kaplan y Sadock, Manual de psiquiatría de urgencias, Ed. Panamericana, Bs. As, 1996
Mayor y Labrador, Manual de modificación de conducta, ED. Alambra, Madrid, 1986
Sitios de interés
http://www.ansiedad-aata.org/trastornos/t_panico.html
http://www.psiquiatria.com/
http://www.panicanxietydisorder.org.au/
El ataque de pánico o crisis de angustia, es un síndrome que se caracteriza por la aparición espontánea de una gran carga de angustia y ansiedad, haciendo que la persona que padece dicho síndrome, sienta que se desborda. Generalmente suele suceder por acumulación de acontecimientos y/o malestar, teniendo el punto desencadenante en un hecho particular. Es decir, que existe un estímulo que genera la manifestación, pero que conlleva una historia de acumulación de angustia.
Los episodios de pánico suelen durar desde pocos minutos hasta 30 minutos. Aparecen en forma imprevista y espontánea y sin que medien algunas veces estímulos específicos como productores. Cuando dicho trastorno se comienza a cronificar, empiezan a aparecer ciertos síntomas de ansiedad que son anticipatorios y que de alguna manera, pueden llegar a ser estímulos iniciadores de dichas crisis. A esto se lo denomina ansiedad anticipatoria.
Estas crisis pueden asentarse en tres factores:
• el primer factor es la ansiedad que se genera a nivel cognitivo, es decir que el paciente experimenta pensamientos automáticos ya sean en el orden de pensamientos negativos, pensamientos catastróficos, pensamientos polarizados, pensamientos autocentrados o predicciones auto cumplidas.
• En el área corporal se manifiesta en tensiones en el cuerpo, que son interpretadas por el paciente de manera invasiva.
• En el área comportamental se manifiesta en actividades sobrecargadas que el paciente suele establecer en tiempos cortos (con una relación tiempo-ocupación de demasiada actividad) y esto genera un gran monto de ansiedad que predispone a la crisis.
De alguna manera estas tres áreas se retroalimentan y cuando la ansiedad comienza, suele invadir el resto de las áreas. Por ejemplo, un pensamiento automático puede desencadenar una gran tensión corporal generando una gran actividad a nivel comportamental, predisponiendo altamente a la crisis. O una excesiva sobrecarga de actividades, puede como resultado producir tensión y de allí genera una distorsión cognitiva; o la aparición de un pensamiento automático, desencadena ansiedad en el resto del sistema. Un aspecto importante del diagnóstico es detectar donde comienzan estos ciclos en cada paciente, es decir, en cuál de estos factores se generan.
Diagnóstico diferencial
Es importante tener muy presente el diagnóstico diferencial, excluyendo patologías que tengan origen en lo orgánico. Dichas patologías podrían ser: prolapso de la válvula mitral, compromiso endocrinológico (ej: hipertiroidismo), trastornos neurológicos y afecciones pancreáticas.
Síntomas
En el D. S. M. IV se establecen al menos cuatro de los siguientes síntomas para considerar que el cuadro cumple con los criterios de AP. Estos son:
• falta de aliento o sensaciones de ahogo
• mareo, sensaciones de inestabilidad, sensaciones de pérdida de conciencia
• palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado
• temblores
• sudoración
• sofocación
• náuseas o molestias abdominales
• despersonalización o desrealización
• adormecimiento o sensaciones de cosquilleo en diversas partes del cuerpo
• escalofríos
• dolor o molestias precordiales
• miedo a morir
• miedo a volverse loco o a perder el control.
Por qué aparece o se padece el ataque de pánico?
En la historia de estos pacientes muchas veces encontramos algunos hechos traumáticos en el inicio de la adolescencia o la infancia. Así también encontramos situaciones de estrés muy importantes en principios de la vida adulta. Alguno de estos hechos de estrés grave pueden ser la pérdida de un ser querido, situaciones de violencia dentro del vínculo familiar, abusos sexuales, o haber estado sometidos a situaciones de catástrofes o incidentes críticos.
En otros casos puede estar participando internamente una gran autoexigencia, rigidez en esquemas interpersonales y de resolución de problemas, narcisismo exacerbado, egocentrismo, omnipotencia, dificultades en habilidades sociales ó depresión.
Algo sobre el Tratamiento del ataque de pánico
El tratamiento para las crisis de pánico se puede hacer con la combinación de tratamiento psicofarmacológico y psicoterapia. Si el paciente se permite el no ser abordado con psicofármacos, hasta el manejo de sus ansiedades y el insight , esto le brinda más seguridad. Lo logrado en psicoterapia con solo sus recursos suele aumentar su autoestima con resultados sólidos, aunque es más lento el proceso de compensación. Si el tratamiento se hace combinado, luego de la compensación psicofarmacológica y el proceso de descubrimiento de los aspectos subyacentes al problema en psicoterapia, se debe trabajar la disminución sistemática de la medicación y el miedo a la desestabilización si no toma la misma, ya que el paciente representa su compensación en el fármaco. La eficacia de la compensación es más rápida aunque se tiene que tener en cuenta este aspecto también.
Referencia bibliográfica
APA, DSMIV, Masson SA, Barcelona, 1995
Beck,A, Cognitive therapy and the emotional disorders, International Universities press, Nueva York, 1976
Beck, Aarón, et al, Anxiety disorders and phobias, Basicbooks, USA, 1985.
Botella, Cristina y Ballester Rafael, Trastorno de pánico: evaluación y tratamiento, Martinez Roca, Barcelona, 1997
Cia, Alfredo, trastornos por ansiedad,Estudio Sigma, Buenos Aires,1994.
Kaplan y Sadock, Manual de psiquiatría de urgencias, Ed. Panamericana, Bs. As, 1996
Mayor y Labrador, Manual de modificación de conducta, ED. Alambra, Madrid, 1986
Sitios de interés
http://www.ansiedad-aata.org/trastornos/t_panico.html
http://www.psiquiatria.com/
http://www.panicanxietydisorder.org.au/
Etiquetas:
ataque de pánico,
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Psicología en Numen: Trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Por Eduardo Ogian
Que es el Trastorno obsesivo compulsivo?
Es una entidad nosográfica que remite a los trastornos de ansiedad, con una prevalencia entre el 2 y el 2,5 % de la población mundial. Es altamente incapacitante y muestra bajo nivel de recuperación en comparación con los otros trastornos por ansiedad.
La persona entra en un proceso de acumular tensión a través de sus obsesiones, llegando algunas veces a la descarga y alivio en la compulsión.
En caso que cumpla los criterios en eje I el código CIE 10 es F42.8 y en caso que cumpla los criterios de trastorno Obsesivo compulsivo de la personalidad , eje II , es F60.5
En este trastorno encontramos dos aspectos que lo componen: la obsesión y la compulsión.
Que son las obsesiones?
Las obsesiones son pensamientos, imágenes o ideas persistentes, circulares, recurrentes y sistemáticas que no pueden ser eliminados de la consciencia y que giran dentro de la cabeza de la persona, ocupando toda su atención. La persona las intenta eliminar éstas rumiaciones mentales sin resultados positivos, lo que genera un aumento en la ansiedad.
Dentro de las obsesiones más comunes se incluyen: desagrado por la suciedad, la contaminación, las secreciones corporales, el miedo a cuestiones catastróficas, miedo a las enfermedades, la necesidad de simetría, orden, y pulcritud, excesivos pensamientos religiosos, pensamientos sexuales prohibidos y creencia irracional en la buena y mala suerte
Que son las compulsiones?
Las compulsiones, son necesidades repetitivas e indeseadas de la persona, de realizar un acto, respuesta a esos pensamientos repetitivos que son las obsesiones. El acto compulsivo, tiene como fin disminuir el monto de ansiedad que genera una obsesión, vivenciada como desagradable para esa persona..
Las compulsiones que más comúnmente se ven: es el lavado excesivo de manos, bañarse de 4 a 5 veces por día, pueden darse rituales repetidos como sentarse y levantarse de una silla y pensar si se levantó bien o mal, comprobación de cerraduras y perillas de gas y de electricidad, si dejó la puerta abierta y repetir dicha acción varias veces, probar los frenos del auto varias veces, limpiar sobre lo limpio, ordenar y volver ordenar, excesivos cuidados de los demás por miedo a que sufran algún daño, contar y recontar varias veces distintos objetos, hacer colecciones de distintas cosas, por ejemplo: pilas, ventiladores , Desodorantes, zapatos, suelen tener un par de zapatos para cada día o Desodorantes para cada día, o tener decenas de relojes uno para cada situación.
Reflexión acerca del TOC.
Lo problemático en este trastorno, es que de alguna manera las cosas y actividades que realiza la persona suelen llevar cada vez más tiempo, presentando así un deterioro progresivo en la vida escolar, laboral o social.
La persona que padece éste problema suele darse cuenta que esto que padece es excesivo y es irracional pero no lo puede evitar. La compulsión es actuada para impedir o neutralizar la ansiedad y el malestar que las obsesiones generan muchas veces.
Presentan dificultades en darle lugar privilegiado al disfrute, acotando y reprimiendo sus sentimientos ya que todo pasa por lo racional y el pensamiento.
Las técnicas que puedo sugerir para la disminución de los síntomas son TCC, como detención de pensamiento, inhibición recíproca, Desensibilización sistemática y relajación progresiva.
Resulta mucho mas eficaz la psicoterapia combinada con psicofármacos, por lo que es una alternativa de elección.
Referencia Bibliográfica
APA, DSMIV, Masson SA, Barcelona, 1995
Cia, Alfredo,El trastorno obsesivo compulsivo y su espectro, Ed. Polemos, Bs. As, 2006
Kaplan y Sadock, Manual de psiquiatría de urgencias, Ed. Panamericana, Bs. As, 1996
Mayor y Labrador, Manual de modificación de conducta, ED. Alambra, Madrid, 1986
Sitios recomendados
http://www.asociaciontoc.org/
http://www.actad.org/
Es una entidad nosográfica que remite a los trastornos de ansiedad, con una prevalencia entre el 2 y el 2,5 % de la población mundial. Es altamente incapacitante y muestra bajo nivel de recuperación en comparación con los otros trastornos por ansiedad.
La persona entra en un proceso de acumular tensión a través de sus obsesiones, llegando algunas veces a la descarga y alivio en la compulsión.
En caso que cumpla los criterios en eje I el código CIE 10 es F42.8 y en caso que cumpla los criterios de trastorno Obsesivo compulsivo de la personalidad , eje II , es F60.5
En este trastorno encontramos dos aspectos que lo componen: la obsesión y la compulsión.
Que son las obsesiones?
Las obsesiones son pensamientos, imágenes o ideas persistentes, circulares, recurrentes y sistemáticas que no pueden ser eliminados de la consciencia y que giran dentro de la cabeza de la persona, ocupando toda su atención. La persona las intenta eliminar éstas rumiaciones mentales sin resultados positivos, lo que genera un aumento en la ansiedad.
Dentro de las obsesiones más comunes se incluyen: desagrado por la suciedad, la contaminación, las secreciones corporales, el miedo a cuestiones catastróficas, miedo a las enfermedades, la necesidad de simetría, orden, y pulcritud, excesivos pensamientos religiosos, pensamientos sexuales prohibidos y creencia irracional en la buena y mala suerte
Que son las compulsiones?
Las compulsiones, son necesidades repetitivas e indeseadas de la persona, de realizar un acto, respuesta a esos pensamientos repetitivos que son las obsesiones. El acto compulsivo, tiene como fin disminuir el monto de ansiedad que genera una obsesión, vivenciada como desagradable para esa persona..
Las compulsiones que más comúnmente se ven: es el lavado excesivo de manos, bañarse de 4 a 5 veces por día, pueden darse rituales repetidos como sentarse y levantarse de una silla y pensar si se levantó bien o mal, comprobación de cerraduras y perillas de gas y de electricidad, si dejó la puerta abierta y repetir dicha acción varias veces, probar los frenos del auto varias veces, limpiar sobre lo limpio, ordenar y volver ordenar, excesivos cuidados de los demás por miedo a que sufran algún daño, contar y recontar varias veces distintos objetos, hacer colecciones de distintas cosas, por ejemplo: pilas, ventiladores , Desodorantes, zapatos, suelen tener un par de zapatos para cada día o Desodorantes para cada día, o tener decenas de relojes uno para cada situación.
Reflexión acerca del TOC.
Lo problemático en este trastorno, es que de alguna manera las cosas y actividades que realiza la persona suelen llevar cada vez más tiempo, presentando así un deterioro progresivo en la vida escolar, laboral o social.
La persona que padece éste problema suele darse cuenta que esto que padece es excesivo y es irracional pero no lo puede evitar. La compulsión es actuada para impedir o neutralizar la ansiedad y el malestar que las obsesiones generan muchas veces.
Presentan dificultades en darle lugar privilegiado al disfrute, acotando y reprimiendo sus sentimientos ya que todo pasa por lo racional y el pensamiento.
Las técnicas que puedo sugerir para la disminución de los síntomas son TCC, como detención de pensamiento, inhibición recíproca, Desensibilización sistemática y relajación progresiva.
Resulta mucho mas eficaz la psicoterapia combinada con psicofármacos, por lo que es una alternativa de elección.
Referencia Bibliográfica
APA, DSMIV, Masson SA, Barcelona, 1995
Cia, Alfredo,El trastorno obsesivo compulsivo y su espectro, Ed. Polemos, Bs. As, 2006
Kaplan y Sadock, Manual de psiquiatría de urgencias, Ed. Panamericana, Bs. As, 1996
Mayor y Labrador, Manual de modificación de conducta, ED. Alambra, Madrid, 1986
Sitios recomendados
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TOC,
Trastorno obsesivo compulsivo
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